CHIRIGOTA El Carnaval de Cádiz vuelve a cantarle a Queipo y la Macarena

La esquina

José Aguilar

jaguilar@grupojoly.com

Cs: hagan lo que hagan da igual

A Ciudadanos sólo lo salvaría del naufragio final un milagro: que Juanma siga necesitando sus votos para la Junta

Cuando un partido político entra en un proceso de autodestrucción ya no hay remedio. Cada retroceso electoral es mayor que el anterior. Cada error deja de ser un tropiezo aislado para convertirse en una losa tan pesada que casi induce la siguiente. Se entra en una espiral irreversible en la que nunca se acierta en la receta que debería llevar al golpe de timón, al viraje salvador. Así pasó con la UCD de Suárez y la UPyD de Rosa Díez (dos Uniones aparentes que ocultaban dos Divisiones enormes).

Ciudadanos ha organizado unas elecciones primarias en Andalucía cuando se encuentra en una situación terminal: pasó de 9 diputados en 2015 a 21 en 2018, lo que le ha permitido lograr una Vicepresidencia de la Junta -su máximo poder institucional en toda España-, y ahora su aspiración más ambiciosa es quedarse en la mitad que hace seis años a fin de mantener grupo parlamentario y, en el colmo de la felicidad soñada, resultar, en su modestia, decisivo para que Juanma Moreno siga gobernando. Ese, como digo, es el objetivo perseguido. La realidad es que salvo en las circunscripciones más pobladas, como Sevilla y Málaga, cuenta con escasas posibilidades de conseguir ningún escaño.

Estas primarias se han convocado plenamente de conformidad con el momento histórico que vive el partido, al borde del naufragio final, sin estructuras orgánicas dignas de esa expresión, sin organización territorial y sin liderazgo. Unas primarias con sordina, con prisas camufladas entre días festivos, manipuladas para que salga victorioso el candidato que las convoca y perfectamente inútiles. Las mejores para que no las gane quien quieran las bases militantes -sentido original de unas elecciones primarias- por una razón sencilla: en Cs, a diferencia de Podemos, no existen bases. No ha conseguido dejar de ser un partido de cuadros. O cuadritos.

Así que da igual que sean ocho o nueve los candidatos que se presentan. Ninguno puede hacerle una competencia seria a Juan Marín. Sólo son náufragos tratando de sobrevivir a sabiendas de que la catástrofe se aproxima y ninguno de ellos que se haga con el timón sería capaz de sortearla. Gobernar Cs en Andalucía en estos momentos es un acto de fe. No porque el partido se haya hecho laico de un día para otro, sino porque su vida pende de un milagro: que los restos que se salven en las urnas sean imprescindibles para continuar en la Junta bajo el mando del PP. Lo dicho, un milagro.

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