opinión

Luis Marín Sicilia

Debate de fin de ciclo: las llaves del cambio

EL reciente Debate sobre el estado de la Comunidad en Andalucía no ha hecho sino confirmar el declive del mensaje socialista. Perdida su credibilidad tras treinta años de poder omnímodo en los cuales se ha hecho patente, sobre todo a raíz de la crisis que aún padecemos, la doble vara de medir y la absoluta desigualdad de oportunidades que en nuestra tierra han disfrutado o padecido las personas, según su cercanía o no al partido del puño y la rosa. Cuando un país se desangra, supone un escándalo la forma en que se ha dispuesto del dinero de todos para pagar pensiones y prejubilaciones de personas ajenas a las empresas reguladas, o el fraude con que se ha dispuesto de partidas alejadas del control administrativo y parlamentario, o la proliferación de facturas falsas por trabajos no realizados, o la atribución de funciones públicas fuera de los cauces legales; cuando todo ello sucede, la gente se rebela, le vuelve la espalda a los causantes de tales desafueros, con el único instrumento que le queda que es el voto.

Por todo ello cuando el pasado día 29 de junio, festividad de San Pedro, en el debate de la comunidad, el líder de la oposición Javier Arenas, dejaba en la mesa del aún presidente José Antonio Griñán sus 66 propuestas para la regeneración política y la superación de la crisis se estaba plasmando estéticamente el agotamiento del recetario socialista, a día de hoy fracasado, y su sustitución por otro más acorde con el verdadero diagnóstico de una sociedad empobrecida, adormecida y ninguneada. Y es que ante la ausencia de propuestas o el fracaso de las ensayadas, la tendencia de quienes han detentado el poder y se encuentran en fase terminal, es buscar culpables. Así Griñán, para no ser menos que Zapatero, atribuye nuestras desventuras ora a la burbuja inmobiliaria, ora al sector financiero y si se tercia al euro o a los mercados … y por supuesto, en última instancia, a Aznar y al PP. Todo menos reconocer lo erróneo de sus políticas de despilfarro y descontrol.

En Andalucía se precisa otra forma de hacer política. Una política regeneradora, basada en la austeridad del gasto sin merma de las atenciones sociales y que aplique con decisión reformas que hagan mas eficaz la acción de gobierno, con transparencia y absoluto control legal y parlamentario. No es de recibo, como Arenas dejó patente en el debate, que el presidente de la Junta sea el máximo responsable, en términos políticos, respecto al escándalo de los ERE, al haber autorizado partidas presupuestarias con fines espurios y haberse opuesto a la comparecencia en sede parlamentaria de los interventores de Hacienda. Las responsabilidades penales de este asunto se determinarán judicialmente, pero la responsabilidad política tiene nombre y apellidos y se llaman PSOE y Gobierno andaluz.

Después de hacer balance de cómo está Andalucía, el líder de la oposición hizo bien en presentar una batería de propuestas, a modo de avance de un programa alternativo de gobierno, en las que la educación, el diálogo social, la defensa de la agricultura, el fomento del empleo, la función pública profesional, la Administración de Justicia bien dotada, los incentivos económicos para los mas débiles y la promoción de empresas generadoras de empleo son los ejes de una acción política que recupere no solo la actividad económica sino también la dignidad y el orgullo de ser andaluces. Cualquiera que durante el debate recordara el santoral y se imaginara las llaves de San Pedro les parecerían éstas como premonitorias de que Javier Arenas estaba en la antesala del cambio en Andalucía con las llaves precisas para ello.

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