Su propio afán

Dejarse uno atrás

El orden de los factores altera el producto y el Gobierno debería solucionar los problemas antes de vendernos su gestión

A diferencia de Pablo Iglesias, en los meses laborales yo no saco apenas tiempo para ver series. Como cada vez tienen más peso entre nuestros politólogos, en vacaciones he tratado de ponerme al día con la primera temporada de El ala oeste de la Casa Blanca (1999). O sea, que voy con veinte años de retraso.

Pero veinte años no es nada, por lo visto. Porque, de pronto, descubrí que el lema que nuestro Gobierno de ahora ha lanzado de "No vamos a dejar a nadie atrás" está literalmente copiado de una ocurrencia que tienen en el gabinete del presidente de la serie. ¿Puede ser casualidad? Puede ser casualidad, pero teniendo en cuenta la querencia al copieteo del presidente y de su jefe de gabinete Iván Redondo, muy aficionado también a las series, apuesto por el copia y pega. También el corazoncito socialista de los carteles electorales había aparecido antes en los carteles de Obama, y así.

Del Rey (emérito) abajo, han pasado muchas cosas en agosto, desde la ola migratoria, pasando por Cayetana, hasta la imprevisión de Celaá. El ala oeste de la Casa Blanca y su frase es un detalle menor, pero también me parece significativo de lo que, ante una crisis inédita por su envergadura y circunstancias, hace el Gobierno. ¿Ver series? Sí, y buscar frases seriadas y procedimientos en serie, en vez de tratar de enfocar bien nuestros problemas con sus características concretas e intransferibles. Copiar un eslogan de una serie norteamericana me parece la punta del iceberg de la frivolidad. Y como sociedad se nos está poniendo bastante pinta de Titanic.

Aun concedo que no sería para tanto, por otra parte, si, en efecto, no se hubiese dejado a nadie atrás. Pero lo de los ERTE no está nada claro y se reducirá a la mitad y el Ingreso Vital Mínimo ha sido un fiasco. Es lo que pasa cuando copias, que se nota.

Ahora que yo vuelvo al tajo, recomendaría al gabinete del presidente, incluyéndole a él y a su vicepresidente, que no vean tantas series, que no les están haciendo mucho bien, y que inviertan el orden de los factores. Que acudan a solucionar los problemas reales de los españoles y, luego, con las gestiones ya hechas, piensen, entonces, cómo venderlas mediáticamente y qué eslogan de marketing utilizar. Seguro que haciendo así las cosas encuentran un lema propio. No hay que dejar a nadie atrás, en efecto, pero sí hay que dejar para lo último la venta electoral de uno mismo y sus ideas.

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