Paisaje urbano

Denuncia del abonado-rehén

Pagés avisa de que quien no renueve el abono este año pierde sus derechos para las temporadas venideras

Hace unos días, la empresa Pagés, titular desde tiempo inmemorial del contrato de arrendamiento de la plaza de toros de Sevilla, dio a conocer su intención de dar toros por fin después del desgraciado año que a duras penas vamos dejando atrás, y que tanto daño ha hecho a la ya de por sí débil estructura que sostiene la Fiesta. Se sugería la celebración de una decena de festejos, extendidos en el tiempo aprovechando los fines de semana, e incluso se anunciaron unos carteles bien rematados que contentaban a casi todos.

Esta misma semana, y en línea con lo anterior, la misma empresa ha enviado una comunicación a sus sufridos abonados, o lo que es lo mismo, a sus clientes, reiterando su intención de dar toros si las autoridades sanitarias permiten un aforo superior al 50% (esto es, una oferta condicionada), con la limitaciones de espacio propias de este tiempo y las incomodidades que conlleva (dos no pueden estar sentados juntos, ni aunque sean convivientes, por lo que hay abonados que tendrán forzosamente que sentarse en un sitio que no es el suyo) pero, eso sí, el dinero tiene que estar en la cuenta de la empresa la semana que viene, so pena de perder "el derecho a la localidad para las temporadas venideras" (sic).

Es decir, que a un señor (o señora, perdón), pongamos, de cierta edad, con riesgo cierto de contraer la maldita enfermedad y obligado a asistir al espectáculo provisto de mascarilla y sin nadie al lado (circunstancias absolutamente extraordinarias ajenas a su voluntad) que posiblemente lleve abonado a la plaza más de la mitad de la vida, la empresa concesionaria lo pone en la situación de dejarlo sin su abono para los restos porque no lo ha renovado este (excepcional) año. Una práctica lamentable, por ilegal y abusiva, que trata como rehén a quien debería ser la parte más protegida del espectáculo.

Yo mismo he sido abonado muchos años, y puedo imaginarme lo complicado que debe ser montar un ciclo de carteles en esta época de miseria y restricciones. Pero lo excepcional de la situación exige de planteamientos y apuestas audaces y creativas, que sin perjudicar los intereses de nadie intenten recuperar el interés del público por la fiesta inigualable de los toros. Y que el año que viene, cuando la pesadilla haya por fin terminado, cada uno esté otra vez en su debido sitio, ese que mantienen gracias al esfuerzo y la lealtad de años.

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