Las dos orillas

josé Joaquín / león

Desprestigio de las autonomías

EL consejero de Empresa y Ocupación de la Generalitat, Felip Puig, ha manifestado que si Cataluña tuviera un Estado propio la tasa de paro sería 10 puntos inferior, según sus cálculos, y se ha quedado la mar de satisfecho. La fiabilidad de semejante pronóstico es ninguna, pero lo dice así, con esa alegría, y el público crédulo oye lo que necesita oír. Otro motivo más para la independencia. Según el último barómetro del CIS, en España ha aumentado el número de personas partidarias del centralismo, de un Estado sin autonomías, que se ha duplicado en los últimos cuatro años hasta llegar al 22,9%. En ese periodo, el apoyo al sistema autonómico ha bajado del 40% al 31,5%. Mientras, en Cataluña, aumentan los independentistas.

¿Quién defiende ahora el Estado de las Autonomías? Puede haber algunos como Griñán, pero si lo hace con el ruido de fondo del caso de los ERE tampoco sirve para nada útil. Ese caso del trinconeo, tan borde y descarado, se utiliza como uno de los ejemplos de que las autonomías (como la de Andalucía) son intrínsecamente malas y generan corrupción. Como si no hubiera existido a otros niveles, municipales y estatales, que presuntamente afecta incluso a un miembro de la Familia Real.

El centralismo se ha fortalecido desde Madrid, donde muchos tienen el deseo de dividir España en la capital y sus provincias. Ahora se culpa a las autonomías del despilfarro y del déficit público, como si el Estado no incluyera a todas las administraciones. Por lo demás, la duplicidad de funcionarios y de competencias es más criticable en el centro que en las periferias. Si se han transferido las competencias de Sanidad, sobrará más personal en el Ministerio que en los gobiernos regionales que asumen el trabajo cedido.

Distinto es que algunas autonomías (como la andaluza) no hayan contribuido a prestigiar lo suyo. El Estado de las Autonomías era un buen invento. Pero ahora están dispuestos a cargárselo, como sea. Unos, a lo Mas, para tener la independencia asimétrica en Barcelona y rebajar 10 puntos el paro a su gusto. Y otros para florentinizar el país y llevarse casi todo en el reparto hacia el gran Madrid, como si fueran los derechos de televisión del fútbol.

La crisis ha complicado el problema territorial. Según el CIS, hay un retroceso. Sólo beneficia a los radicales y los demagogos. Queriendo, y sin querer, se está potenciando el escenario más perverso.

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