¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Disfrazados de Feria (como siempre)

La Feria siempre ha tenido algo de teatro de variedades y carnavalillo. ¿Por qué no un año más?

No entendemos el rechazo que en la muy siesa y señoritinga sociedad sevillana ha provocado la invitación de Francisco Páez -al parecer delegado de Economía y Comercio del Ayuntamiento- para que, durante los días de la malograda Feria, los sevillanos nos vistamos, según el sexo, de flamencas o corto. Al fin y al cabo, el real siempre ha tenido algo de teatro de variedades, de carnavalillo en el que todos nos disfrazamos de algo: cocheros ingleses, garrochistas de Villalón, postillones rondeños, gitanas decadentes de Romero de Torres, chuloputas venezolanos con corbatas tropicales, amantes cañís de toreros anteriores a la revolución belmontista, grandes señores de la Vega de Carmona, dependientes del Corte Inglés, futbolistas del Real Madrid, agentes de Su Majestad en las Bahamas… El disfraz y la barroca impostura, como se ha repetido hasta la saciedad, es algo consustancial a los días de vino y farolillos. ¿Por qué no un año más?

Lo que sí nos cuesta mucho entender es ese gesto un tanto machista del delegado Páez al asignar a cada sexo un disfraz determinado. Tantos años de lucha feminista para esto. El sombrero cordobés y el traje de faralaes, como dicen con gracejo los madrileños, nos pertenecen a todes. ¿Por qué las mujeres no pueden vestirse de corto a lo Conchita Cintrón? O ¿por qué los hombres debemos renunciar a un bonito diseño de Pol Núñez? Tuvimos un amigo en Tenerife que todos los carnavales se disfrazaba de flamenca. Era un rocker de unos dos metros de alto, estudiante de Filosofía y buen boxeador. Escribió una novela hoy de culto en el archipiélago, El caso del cliente de Nouakchott, y alternaba lecturas de Unamuno, Fitzgerald, Céline y Gadafi. Un hombre viril y culto que, sin embargo, gustaba de nuestro traje regional para sus veladas carnavaleras. En este caso de fragante sexismo hemos echado de menos la voz constitucional de Carmen Calvo o el verbo pasionario de Irene Montero, quienes, por temas mucho menores, montaron la de Vicálvaro.

Por otra parte, al concejal se le olvidó sugerir a los sevillanos otras actividades que también podrían dar ambiente ferial y colorido a nuestras tristes calles de la pandemia. Son muchas las ideas: dedicarnos, previa ingesta de tres medias, al buenagentismo y abrazar a todo bicho viviente que tenga la mala suerte de ponerse en nuestro camino; organizar un botellón en las inmediaciones de Los Remedios y hacer aguas menores en los portales del vecindario cayetano; meter la pata gravemente con ese compañero de trabajo; someter al matrimonio a una dura prueba de estrés… Son tantas las opciones con las que podemos mitigar el dolor de este Abril sin casetas ni resaca, que nos extraña la pobreza imaginativa municipal.

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