La esquina

josé / aguilar

Disparate salarial

EL presidente del Gobierno percibe un sueldo de 78.000 euros brutos al año. El que le lleva la maleta, su jefe de gabinete, 113.000. Con eso está dicho todo sobre el disparatado régimen retributivo de la política española. Cierto que Rajoy tiene residencia oficial y le pagamos todos los gastos, pero la diferencia de responsabilidades entre uno y otro es abismal. El jefe de gabinete responde de su actividad sólo ante Rajoy, y éste ha de responder ante 46 millones de ciudadanos.

El 60% de los altos cargos de la Administración General del Estado cobra más que la segunda autoridad del país. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Pues degenerando. Degenerando en el camino de pretender combatir la corrupción y la deslegitimación de la política a base de demagogia y disparos a blancos equivocados.

A la política no se dedica casi nadie por dinero, esto está claro, sino por una mezcla más o menos equilibrada de ambición, vanidad y afán de servicio. Pero en los últimos años hemos insistido tanto en la necesidad de que los políticos se aprieten el cinturón, den ejemplo y demuestren su cercanía al pueblo que se ha pasado de la austeridad al miserabilismo. En vez de exigirles que sean honrados, les hemos impuesto que se impongan salarios poco acordes con la importancia de su trabajo.

Eso ha ocurrido, ya digo, por errar el tiro en el combate contra la corrupción. En lugar de asegurar el control de la financiación de los partidos, se ha asegurado que los cargos públicos de más alto nivel estén mucho peor pagados que los directivos del sector privado; en lugar de podar el frondoso árbol de órganos superfluos y asesores prescindibles, se han sajado los sueldos de los responsables elegidos por el pueblo hasta ridiculizarlos frente a los que reciben quienes dependen de ellos y han sido nombrados a dedo; en lugar de obligarles a abrir las listas electorales, acortar por ley sus mandatos e impedir que vivan toda la vida de la política, se les permite ir de un puesto a otro hasta la jubilación... siempre que se conformen con salarios escuálidos.

Con lo cual estamos haciendo un pan como unas tortas. Degenerando, degenerando, conseguiremos desterrar de la política a los profesionales más talentosos, preparados y eficientes, y la poblaremos de individuos sin más mérito que la fidelidad partidista y que acuden a la política porque no tienen ningún otro sitio al que ir.

Dicho lo cual, añado: a ver qué político se atreve hoy día a subirse el sueldo.

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