La ventana

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

Domingo de Ramos con el alma rota

Viendo al Papa diciendo misa en solitario con la Basílica vaticana desierta se recibe una ayuda inestimable para tomar conciencia de cuanto pasa. ¿Cuántas misas con el oficiante en soledad en un Domingo de Ramos dolorosamente insólito? Todo es pura soledad y ver un desierto llamado Sevilla en un día de alegría y multitud acongoja hasta lo más hondo del alma. Acongoja hasta introducirte en un túnel donde habita esa desesperanza que agobia por el agobiante desconocimiento de la fecha de caducidad. Veíamos a Francisco orando al Cielo en la inmensidad desierta del Vaticano y nos veíamos abajo tras caer nuevamente en la cuenta de que a ver cuántas serán las ausencias cuando esto termine, que digo yo que terminará algún día. Para la más negra historia ya un Domingo de Ramos con el sol en todo lo alto y la rampa sin ni siquiera haber sido puesta. Qué dolor.

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