AUNQUE el plan de empleo juvenil que han anunciado algunos países europeos supone un avance en las políticas de estímulo que se le vienen reclamando a la Unión Europea, éste presenta aún varias dudas en cuanto a su ejecución. A falta de conocer los detalles, un proyecto de este tipo merece el aplauso: son 30.000 millones de euros destinados a atajar el paro en uno de los sectores más afectados; es una política conjunta de varios países, en los que aquellos que tienen mayor demanda laboral pueden restar mucho a la sobreoferta de otros, y supone el reconocimiento de que las reformas basadas en el ajuste para pagar la deuda conllevan tal deterioro en el empleo que esto entraña un peligro para estas mismas. Con 16.000 millones de euros que aún no se han gastado -lo que ya dice mucho de la lentitud en la toma de decisiones- más un sistema de avales del Banco Central Europeo, se pondrá a disposición de los jóvenes europeos un programa de ciertas similitudes con las becas Erasmus, por el que los desempleados disfrutarán de formación a la vez que de trabajo en otros países, además de entregar a los gobiernos nacionales determinadas cantidades para planes específicos. Ahora bien, aún hay dudas. La primera parte de la propia Comisión Europea, que criticó que países como Francia y Alemania impulsasen un plan que, al parecer, ya estaba diseñando Bruselas. Segundo, el plan debe crear empleos efectivos; es decir, puestos que, más allá de las ayudas, puedan seguir existiendo. Si no, sólo será una ficción temporal. Tercero, no hay crecimiento del empleo si no hay nuevas empresas y si no se destruyen más puestos de trabajo en las existentes, supervivientes de cinco años de crisis. Y esto requiere de una inmediata liberación del crédito. Si esto no es así, la disminución del paro en España sólo se conseguirá por la vía de la reducción de la población activa; es decir, por la inmigración. Y, por último, siendo insoportables las cifras de paro juvenil, hay otros sectores, situados a partir de los 45 años, que corren el riesgo de convertirse en parados perennes. En España, por ejemplo, que es el país con la mayor tasa de paro juvenil de la zona euro, hay más de tres millones de desempleados que llevan más de un año buscando trabajo, y es posible que sigan sin encontrarlo en los próximos meses. Si esto es así, este sector correrá un grave riesgo de exclusión social, y sus ayudas y prestaciones se convertirán en una carga pesada para el gasto público, desviado en esta partida respecto a las previsiones iniciales del Gobierno. Hay que esperar a esta primera semana de junio para conocer los detalles de un plan que, en cualquier caso, hay que aplaudir.

Tags

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios