Crónica levantisca

juan Manuel / marqués Perales

Eccehomo

LA psicología es al marketing lo que la física a la ciencia: el tuétano de la cuestión. Hay una estrategia aún no explorada del todo para vender, para comercializar, que es la misericordia con el débil, la solidaridad con el pobre, la simpatía con el ridículo sin maldad. Del mismo modo que abominamos de los soberbios (véase el caso de Pablito Iglesias), hay una corriente de afectividad que ya explotó el cristianismo y que nos acerca a lo que se ha llamado la ética del derrotado: los pobres de espíritu, los limpios de corazón, los mansos de hormonas, los misericordiosos, el héroe de la cruz. Woody Allen, que como Jesús era judío, lleva toda su vida explotando la figura del héroe en retirada. Adolfo Suárez, vilipendiado por el Rey, asaeteado por el PSOE, despreciado por la UCD, perseguido por los militares, ridiculizado por la prensa y apostasiado por la Iglesia, es hoy en día nuestro héroe nacional, el que dispuso de su momento de gloria en el momento más cruel de su vida política: cuando tuvo que dimitir. He aquí el hombre.

Aleccehomo del pasaje de San Juan se le pasea dentro de una semana por las calles de Andalucía. Un eccehomo es el que había en una iglesita del pueblo de Borja, en Zaragoza, hasta que la asistenta del cura le dio por restaurarla con escasa virtud artística pero con gran eco mediático: purito marketing, un churrete del que cobra billetes la rehabilitadora y cuyo relato ha inspirado una ópera en Estados Unidos: Behold the Man. Anda que no es bonita la lengua de Shakespeare. Borja honra hoy a su artista de buena voluntad, limpia de corazón y pobre de espíritu.

En Villamartín (Cádiz, a medio camino ya de la Sierra Sur de Sevilla), un arquitecto ha restaurado el castillo de Matrena, torre alzada en el siglo XI por Omar Ibn Hafsun para proteger Iptuci, el pueblo más perdido de la coria de Ronda (las corias eran como las diputaciones, con los mismos enchufes pero sin derecho a decidir). Allá por la Frontera, por lo que también llaman la Banda Morisca, entre Cádiz y Sevilla, entre Pruna y Olvera, por la raya de la Vía Verde, este arquitecto ha rehablitado un castillo cuyo fruto ha sido comparado por la prensa barcelonesa -sí, la de la misma Ada- con otro eccehomo, pero del sur. No es para tanto, la rehabilitación tiene su discurso, que es lo que dicen los modernos: se consolida el muro y se diferencia lo nuevo de lo antiguo, pero el resultado, la verdad, es un poco chocante. Es lo de menos, ojalá lluevan hombres sobre las torres de los homenajes de Setenil, Espera y Pruna, las cumbres de Algámitas y Pajarete.

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