Editorial: Entre la estulticia y la ignorancia

APENAS 48 horas después de que arrancara la campaña para las elecciones catalanas, los andaluces nos hemos vuelto convertir, a nuestro pesar, en protagonistas de un debate en el que sólo la estulticia, unida a la mala voluntad, puede superar a la ignorancia. Las declaraciones del portavoz del ERC, Joan Puigcercós, en las que reparte mandobles a Andalucía, con el peregrino argumento de que en nuestra tierra "no paga impuestos ni Dios" es revelador de hasta qué punto el independentismo catalán desbarra cuando intenta objetivar asuntos andaluces. Los que se hacen las víctimas con el supuesto anticatalanismo dejan ver en cuanto se les suelta un poco la lengua que su antiespañolismo es, sobre todo, antiandaluz. En el imaginario de estos izquierdistas de pacotilla, el andaluz sigue siendo un señorito vago, juerguista y chulo o un jornalero sumiso y conformista que espera que el empleo comunitario le saque las castañas del fuego. Al independentista Puigcercós se le puede aplicar la máxima de que ciertos nacionalismos se curan viajando y leyendo. Si se tomara la molestia de darse una vuelta por aquí, comprobaría que el riesgo de decir tonterías es muy elevado cuando se habla de oídas y se aferra uno a estereotipos trasnochados. Tan trasnochados como su reduccionismo independentista en un mundo cada vez más globalizado.

La respuesta que desde Andalucía se le ha dado ha sido tan contundente como oportuna. La consejera de Presidencia ha calificado las declaraciones de Puigcercós de "insulto" a la comunidad andaluza y ha recordado que el político de ERC no debería olvidar la contribución de los andaluces al levantamiento económico de Cataluña, como pueden atestiguar los miles de ciudadanos de Andalucía que se tuvieron que marchar a aquellas tierras. Como dijo ayer Moreno, este tipo de discurso es tan fácil y tan injusto como el anticatanalismo, y sólo contribuye a crear tensión y a acuñar estereotipos dañinos para la convivencia de nuestro país. Lo malo es que no es la primera vez que tenemos que salir al paso de disparates de este calibre y, desgraciadamente, tampoco tendrá que ser la última.

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