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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Educar no es adoctrinar

Los valores de una ética universal y los de una ideología saltan por los aires

No es una broma ni una fake news. El borrador de la Ley Celaá aborda las matemáticas desde "una perspectiva de género" y un "sentido socioemocional". Literalmente se afirma que el nuevo currículo asegura que "la adquisición de destrezas emocionales dentro del aprendizaje de las Matemáticas fomenta el bienestar del alumnado y el interés por la disciplina y la motivación por las Matemáticas desde una perspectiva de género, a la vez que desarrolla la resiliencia y una actitud proactiva ante nuevos retos matemáticos, al entender el error como una oportunidad de aprendizaje y la variedad de emociones como una ocasión para crecer de manera personal".

También se abordan otras cuestiones referidas al primer y segundo ciclo de Educación Infantil, de los 0 a los 6 años: "En esta etapa se inicia la construcción sexual y de género, sin distinción entre ambas" por lo que la educación debe "favorecer el descubrimiento personal de la sexualidad y la construcción de género a través de valores de igualdad y modelos no estereotipados" basándose en "la experimentación y en el juego (…) rico en estímulos, provocador, emocionante y respetuoso con los intereses, gustos y elecciones de los niños y las niñas". El entorno escolar "debe proporcionar el contexto adecuado y el acompañamiento necesario, bajo una mirada atenta, paciente y respetuosa, para que los bebés puedan descubrir el placer que les proporciona la actividad por iniciativa propia".

Las fronteras entre educación y adoctrinamiento, entre los valores de una ética universal y los de un partido político o una ideología saltan por los aires. No se trata del "ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse" de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ni del proyecto de Kung de una Ética Mundial basada en "la existencia de unos principios éticos universales que nacen del reconocimiento de la dignidad humana y de la necesidad de su pleno desarrollo en convivencia, en armonía y en paz, valores universales que, respetando la diversidad, la multiculturalidad, las creencias y las religiones, trasciendan los propios valores culturales y confluyan en unos principios comunes inherentes a todo ser humano". Principios y valores -se advierte- cuya autoridad "ningún sistema político, social o religioso debe suplantar en la conciencia de cada individuo". Justo lo contrario de lo que hace la Ley Celaá.

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