Tribuna Económica

Rogelio / velasco

Empleo

EL que el número de afiliados a la seguridad social en el mes de febrero haya aumentado un 0,38% -61.000 cotizantes más- respecto del mismo mes del año anterior, no deja de ser una buena noticia. Antes de mostrar optimismo es necesario, sin embargo, precisar el significado del dato y ponerlo en perspectiva, tanto temporal como utilizando otras variables.

En un sentido estricto, el dato significa que los agentes que operan en la economía oficial -no en la sumergida-, tanto públicos como privados, tienen contratados a más personas en el mes de febrero que hace un año. Pero no podemos realizar generalizaciones acerca del comportamiento global del mercado de trabajo. Conocemos que tanto las cifras de afiliación a la seguridad social como del paro registrado, ofrecen un panorama incompleto. Tenemos que esperar a la publicación de la próxima EPA para conocer con mayor profundidad la evolución del mercado de trabajo.

No obstante, la evolución de los afiliados en los últimos tres años, parece indicar que el ligero crecimiento del PIB en los últimos tres meses, se está trasladando a un incremento de la contratación que permite albergar esperanzas de un cambio en el ciclo. Los meses de febrero en los años 2012 y 2013 generaron una reducción de los afiliados a la seguridad social del 0,35% y 0,06%, respectivamente. El dato es, pues, positivo.

Sin embargo, es necesario realizar matizaciones. El número de afiliados a la seguridad social en el año 2008 alcanzó una cifra récord de más de 19 millones; el mes de febrero pasado registró poco más de 16 millones. Esto es, en cinco años ha experimentado una reducción del 16%. Frente a esta cifra, el PIB, durante el mismo periodo, se redujo en sólo el 7%.

Dos conclusiones, al menos, podemos extraer de esos comportamientos tan divergentes. En primer lugar, la caída tan pronunciada de los afiliados frente a la del PIB ha de explicarse por el gran aumento de la economía sumergida. Las últimas estimaciones disponibles apuntan a que ha superado el 25% del PIB, con el que los afiliados a la seguridad social pierden valor como indicador de la situación del mercado de trabajo.

Pero en segundo lugar, es también un indicador de la escasa calidad de buena parte del empleo que se creó durante la época de la gran expansión; un empleo prescindible que se ha ido sustituyendo por empleo en precario, mal pagado, por horas, sin vinculación permanente con las empresas y, en todo caso, sustituido en buena parte por el progreso tecnológico.

La relatividad de las cifras de la Seguridad Social queda complementada por las del paro registrado. Durante el mismo periodo de febrero respecto del año anterior, el paro registrado descendió un 4,52%. Con una tasa de crecimiento del PIB negativa durante el año pasado, ese descenso obedece, en gran medida, al enorme volumen de desempleados que, desanimados al no encontrar empleo, desaparecen de las estadísticas.

El crecimiento económico necesario para crear empleo en España se ha reducido, previsiblemente, de forma significativa. Esperamos en los próximos meses que se cree empleo neto y que la tasa de paro no se reduzca sólo por tantas personas desanimadas.

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