La ciudad y los días

Carlos Colón

Esqueletos

HA sido hallado un esqueleto sentado ante el velador de un céntrico local, cerca de la plaza de San Francisco. Cubierto de telarañas, con una colilla apagada en la boca sin labios y un periódico amarillento cogido por las huesudas manos, se ha sabido tras su identificación que falleció de muerte natural, vencido por la edad, esperando las consecuencias derivadas de que la Gerencia de Urbanismo -según afirmó en su día el delegado provincial de Cultura de la Junta- no sometiera el proyecto de reforma del bar Laredo a la consideración de la Comisión Provincial de Patrimonio; esperando que se cumpliera el "reformado" del proyecto que, según decía exigir la Junta, debía preservar su aspecto tradicional; esperando que, como también dijo el delegado de Cultura, la Junta se personara en los juzgados en el caso de que un informe técnico determinara que los daños producidos en el Laredo fueran algo más que "relativos"; esperando que se repongan los rótulos que dan a San Francisco, tal y como Patrimonio ordenó.

Se destruyó el antiguo Laredo, no ya ante las barbas del mismísimo Ayuntamiento, sino en un edificio de propiedad municipal; se denunció dicha destrucción por los pocos que denuncian estas cosas en Sevilla; cuando la destrucción estaba ultimada y la cosa cursi que lo sustituye concluida, se enteró el bueno de Bernardo e hizo como que se enfadaba; se dijo u ordenó lo antes referido… Y hasta hoy.

El Laredo abrió tras cambiar únicamente el rótulo de Sierpes, y además se extendió triunfalmente por la plaza de San Francisco a la verita misma del Ayuntamiento, a su sombra, mientras la Delegación de Cultura seguía demostrando la agudeza visual de un topo, el valor de un avestruz y la rapidez de un caracol. Y el ciudadano esperó, esperó, esperó… Hasta que La Que No Espera vino por él y se lo llevó.

Dos esqueletos en las calles de Sevilla: el del ciudadano que aguardaba la actuación de la Delegación de Cultura en defensa del patrimonio y el del bello bar ido con el viento que tantas cosas se está llevando de la ciudad. El esqueleto del ciudadano tal vez fue retirado para regalárselo a Maribel Montaño, que ha dicho cuánto le impactó la exposición de cadáveres que está empeñada en traer a Sevilla porque se ha visto -según ha dicho la buena señora- en otros países y hasta en el Madrid de Gallardón. Argumentos irrefutables, sin duda, para un cateto: ¿cómo objetar lo que se ha visto en nuevayó? El segundo esqueleto, el del Laredo, tan parecido a las chillonas calaveras decoradas mexicanas, exhibe todos los días sus cuencas vacías en forma de ventanales. SImadejaDO.

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