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Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Europa y la vacuna

La pandemia está acelerando las tendencias mundiales que afloraron en 2008 y en las que Europa pierde posiciones

Estados Unidos, como anunció el cada día más histriónico Donald Trump hace unas semanas, está acaparando toda la producción mundial de Remdesivir, el único fármaco que se ha demostrado eficaz para los casos graves de Covid-19. La decisión norteamericana anticipa una lucha mundial por la vacuna que, si se cumplen los pronósticos más fiables, podría estar disponible para fabricarse en dosis masivas en el primer semestre del año que viene. Por ahora es complicado establecer cuándo y cómo llegará esa vacuna porque parece que, como siempre en los grandes asuntos mundiales, la información se mezcla con la propaganda y con las tomas de posición de las grandes potencias en la nueva guerra fría que está llegando y que la pandemia ha acelerado de forma notable. Hay datos suficientes en el horizonte para concluir que la lucha por la vacuna y su administración va a consagrar la irrelevancia de Europa como actor internacional. Las grandes partidas de este nuevo orden mundial se juegan entre un declinante Estados Unidos, una China emergente y acaparadora de influencia, y una Rusia venida a menos, pero que sabe que por población y extensión tienen un sitio en la mesa de los grandes.

Además, el tablero ya no está en nuestra zona. El futuro se está jugando en el Pacífico y en África, y la Europa que siempre marcó el devenir del mundo y en cuyo territorio se dilucidaban los grandes acontecimientos pierde posición cada año que pasa sin que las otrora grandes, como Alemania y Francia, o más pequeñas, como Italia y España, puedan hacer nada por evitarlo. El coronavirus ha acelerado las tendencias que la crisis de 2008 ya hizo aflorar y va a instituir un nuevo modelo de relaciones internacionales en el que nosotros llevamos todas las papeletas para perder.

La vacuna, quién la tenga antes y quién controle su fabricación y distribución, va a ser -o mejor, está siendo ya- la primera gran confrontación del nuevo escenario mundial. Hay en juego mucho dinero, pero también hay detrás mucho juego de poder en un mundo que ya no va a ser nunca igual que el que conocimos antes de la primavera de este nefasto 2020. Desgraciadamente, no se está hablando de ciencia, sino de otras muchas cosas. Estamos aflorando un nuevo orden, diferente y no por ello más justo ni más libre, en el que los europeos cada vez vamos a contar menos y en el que la democracia va a ser un blindaje cada vez menos sólido.

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