La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Feria, de Los Santos a la Esperanza

Pusieron sus convocatorias los hermanos de Todos los Santos y llegó el otoño a Sevilla

Sin necesidad de que lo advierta y demuestre la cumbre del clima de Glasgow, es evidente que el cambio climático está afectando a nuestro presente con temperaturas tan históricamente infrecuentes como los casi 32 grados alcanzados en la última semana de octubre. Pero he aquí que la hermandad de Todos los Santos colocó su afortunadamente invariable convocatoria azul, blanca y roja en esos almanaques de la vida de la ciudad que son las puertas de las iglesias (nota a los mayordomos de otras hermandades que quieren ahorrarse un dinerillo prescindiendo de las convocatorias de pared y usando solo las redes: se equivocan, privando a los sevillanos que viven estas cosas del calendario más íntimamente cordial de los días y los gozos de la ciudad y a esta de los hermosos collages que espontáneamente componen al superponerse).

En fin, que se colocaron las convocatorias de Todos los Santos y al poco empezó a llover, se inició el descenso de temperaturas y comenzó el tiempo de la calle Feria. Será porque soy de allí, porque he conocido aquel mundo que tantos mundos distintos acogía, desde el mercado de la Encarnación al de Feria, del San Francisco de Paula a los Altos Colegios, del cine Regina al Bécquer, del barcito de la esquina de Regina, frente al azulejo de la Amargura, a la Cafetería Montesión, de San Juan de la Palma a San Gil, de la Amargura a la Esperanza, por lo que en mi personal calendario el tiempo que ahora empieza es el de la calle Feria. De Todos los Santos a la Amargura y la Macarena; del 1 y 2 de noviembre en Omnium Sanctorum al 21 de noviembre en San Juan de la Palma y el 18 de diciembre en la Basílica de la Esperanza.

Como los gacetilleros antiguos que cada otoño, año tras año, incansablemente, saludaban la llegada de los puestos de castañas, aquí suelo comentar cada año la llegada de noviembre con su cortejo de nubes oscuras volando sobre la espadaña de San Juan de la Palma, sobre las torres de Omnium Sanctorum y de San Gil, sobre la veleta en la que está escrito Aquí está la Esperanza. No soy tan soberbio como para pensar que los lectores recuerdan mis artículos anteriores dedicados a calle Feria en noviembre; ni tan pesimista que no crea que se incorporan a nuestro periódico nuevos lectores. Así que aquí tienen el artículo del viaje que cada año emprendo por calle Feria "sin otra luz y guía, que la que en el corazón ardía".

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