¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Feria en el centro, ¿por qué no?

El actual modelo de Feria está absolutamente agotado y sólo le queda un lento declinar

Por mucho que el Ayuntamiento se quiera poner ahora de perfil, lo cierto es que lo que ha organizado para los días venideros es una miniferia a la malagueña. Desde el Gobierno municipal se dice que los fastos dependerán de los datos de la pandemia, pero toda esa tramoya de luces y farolillos que están montando en las plazas de San Francisco y el Salvador, todas esas invitaciones a que los sevillanos verdaderos se disfracen de sevillanos fakes, sólo puede acabar en una Feria chica y güisquera, con el consabido desmadre en los veladores, que son los nuevos lugares donde habita el pecado y el coronavirus.

Pandemias y chapuzas municipales aparte, lo de la Feria en el centro es algo que debería tenerse en cuenta. No se quiere reconocer, pero desde hace mucho tiempo el actual modelo de la celebración está absolutamente agotado y sólo le queda un lento declinar hasta su extinción final, "no con una explosión sino con un gemido", que diría Eliot. En las casetas no se cabe -en las aceras, últimamente, tampoco- y ampliar el real, como se pensó hacer en el Charco de la Pava, supondría crear una vastísima geografía inmanejable para un mortal. Debido al desarrollo de la sociedad sevillana en los últimos sesenta años, lo que antaño era una fiesta de señoritos y tropas auxiliares se ha terminado convirtiendo en un masivo fenómeno de clases medias. De hecho, suelen ser los mesócratas los más fervientes partidarios de este jolgorio, que por unos días materializa la fantasía aristocratizante que habita dentro de todo sevillano pujante. La Feria, como el capitalismo, morirá por sus contradicciones. Es muy difícil mantener su gracia -que, guste o no, está basada en una concepción oligárquica del espacio público (las casetas privadas) y en el exhibicionismo hípico de los magnates- sin que se generen unos agravios sociales que serán cada vez más difíciles de justificar. La gran tragedia de la Feria es que si fuese verdaderamente democrática y popular sería un verdadero espanto y dejaría de interesar a nativos y foráneos. O señorita o muerta, he aquí el dilema.

Por todo lo dicho, lo de la Feria en el centro debería ser un asunto a explorar. Proponemos -y gratis- una Feria federalizante, descentralizada, plurinacional, con diversos núcleos en el real -el más folclórico y turístico- y otras partes de la ciudad: el Arenal, la Alameda, el Salvador… Cualquier lugar es bueno para alcanzar el nirvana a la jerezana. A la Feria hay que buscarle una solución si queremos que sobreviva. Y si no, pues tampoco pasa nada.

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