La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Fútbol, cita semanal con la emoción

Si el fútbol pide aficionados en el campo, las películas piden espectadores en los cines

Me gustaría ser aficionado al fútbol. Una cita semanal con la emoción no es poca cosa. Y no con una emoción cualquiera, sino con una capaz de hacer reír, gritar, abrazarse, llorar, alegrarse, disgustarse, corear himnos que a veces son tan perfectos, emocionantes y hermosos como el del Arrebato. ¡Cómo sonó en Nervión, el pasado domingo! En su estupenda crónica de ese primer partido del Sevilla con público -"532 días después de la última vez, aquel ya lejano 1 de marzo de 2020 en el que En-Nesyri solventó un partido de locos con un gol in extremis ante Osasuna"-, el compañero Eduardo Florido reflejaba esas emociones que quizás sólo puedan sentirse en el fútbol. Para colmo, en recuerdo de los sevillistas que no podrán volver al campo, de los aficionados que se han quedado por el camino de estos 532 sin fútbol en Nervión, sonó lo que sonó: "Lo que no esperaba nadie -escribía Eduardo Florido- es que el club tuviera preparado un detalle sentimental, muy emotivo, precioso, que vuelve a imbricar al Sevilla con las cosas íntimas de la ciudad de la que lleva el nombre: sonó Amarguras".

Ha habido partidos televisados. Pero ver un partido por televisión es algo muy parecido, e incluso aún peor, a ver una película en la tele. Si el fútbol pide público en el campo, las películas piden cines en los que proyectarse ante un público que interactúe entre él y con ellas. No con la ruidosa pasión con que en el fútbol se hace, desde luego, pero sí -cuando son grandes películas que emocionan a muchos- con una emoción compartida que a veces se expresa, según a qué género pertenezca la película, con risas ("El mundo está loco, loco, loco" en el Llorens, El jovencito Frankenstein en el Cervantes), gritos (Sola en la oscuridad en el Coliseo, Tiburón en el Villasís), murmullos de admiración (Ben-Hur en el Imperial, West Side Story en el Cervantes) o incluso -pocas pero inolvidables veces- hasta algún aplauso (El gran dictador en el Llorens tras estar prohibida durante 35 años).

Nombra Eduardo Florido en su crónica los espagueti western en un cine de verano. ¡Y de invierno y estreno! Quienes lo vivimos no olvidamos el rugido del público durante los títulos de crédito -¡Ennio!- en el primer pase del estreno de El bueno, el feo y el malo en un abarrotado cine Cervantes. Algo que los aficionados al fútbol viven en sus campos cada semana. Por eso los envidio.

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