SI usted se plantara ante una sucursal bancaria y voceara a los transeúntes que esa entidad va a quebrar, o se apostara junto a un hipermercado y lanzara el rumor de que sus alimentos no son de fiar, sería detenido por alborotador y gamberro. Sin embargo, si usted es el ejecutivo de un importante fondo de inversiones y, desde el presunto anonimato de los mercados, pone bajo sospecha la viabilidad de una empresa de alimentación, o esparce la idea de que retrocederá la reputación de Francia en el pago de sus deudas, en lugar de detenerle por agujerear el bienestar de millones de franceses le propondrán para un ascenso, pues ha favorecido masivas operaciones especulativas que reportan pingües beneficios. Para la granujería y el gamberrismo siempre ha habido clases. Recuerden a Rotchschild labrando su fortuna en la Bolsa de Londres al ocultar el desenlace de la batalla de Waterloo. Todo un rufián vestido de caballero.

Los incendios y saqueos en ciudades británicas no están en modo alguno justificados porque agentes de Scotland Yard mataran a un joven negro que no les disparó. A la cárcel quien cometa pillaje. Pero cualquier análisis sobre sus causas ha de tener en cuenta que son la respuesta gamberra al gamberrismo preliminar e institucional británico. Centenares de jóvenes fueron enviados a la muerte en la innecesaria guerra de Iraq, espoleada por el falaz Tony Blair. La mayor parte de los parlamentarios fueron descubiertos en conductas corruptas, malversando los fondos públicos para pagar facturas privadas.

La archifamosa banca británica, santo y seña del sector, fue salvada por el Gobierno hace cuatro años, a un coste sideral que recae en los pobres vía recortes, al descubrirse que su presunta solvencia era en realidad una estafa de productos financieros artificiosos. La bazofia mediática es fabricada por el ilustre Rupert Murdoch, a quien hasta los pobres de los suburbios ya conocen por sus mafiosos métodos, perpetrados con la anuencia de muchos policías que se dejaban corromper. Y el actual primer ministro, Cameron, aupado por Murdoch, elige como su asesor de comunicación al muñidor de las vomitivas operaciones para avivar el negocio de la prensa amarilla.

Véase cómo los fortísimos recortes decididos por la coalición conservadora-liberal han estado muy desigualmente repartidos, afectando con dureza a la débil esperanza de prosperidad en los barrios pobres. En la City de Londres, los gamberros bursátiles siguen a sus anchas, sin recortes y muy bien trajeados. Lástima que las cámaras de seguridad no registren el momento en el que perpetran pillerías tales que hasta sacan de sus vacaciones a Sarkozy para que la economía francesa no se descalabre. También merecen pena de cárcel. Y compartirla con los pandilleros que arrasan los escaparates para llevarse electrodomésticos.

Inglaterra es la democracia más vieja del mundo, con cosas extraordinarias y admirables. Pero la de hoy en día es una gamberrada de arriba abajo y de abajo arriba.

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