La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Ganará uno, todos perdemos

De los tres peores momentos vividos por nuestra democracia solo en uno la clase política dio la talla

Es más fácil, aunque más sucio, comer con las manos que con cubiertos. Por eso cuesta tanto trabajo enseñárselo a los niños. Es más cómodo hablar mientras se mastica, aunque más guarro y desagradable, que masticar con la boca cerrada. Por eso cuesta tanto trabajo enseñárselo a los niños. Es más cómodo expulsar los gases cuando, donde y con el estruendo que sea, aunque más asqueroso y maloliente, que procurar aguantarlos o siquiera disimularlos. Por eso cuesta tanto trabajo enseñárselo a los niños. Es más cómodo, aunque más grosero, inútil y peligrosamente dañino para la convivencia, insultar que razonar, excluir que incluir, dar coces verbales que argumentos, inventarse peligros inexistentes que afrontar los reales proponiendo soluciones. Por eso cuesta tanto trabajo enseñárselo a los políticos en esta mala hora de Madrid y de España.

De los tres peores momentos vividos por nuestra democracia sólo en uno la clase política dio la talla uniéndose por encima de los intereses de partido: el 23 de febrero de 1981. Eran los políticos de todo signo y pasado que habían sabido interpretar la voluntad mayoritaria de transición pacífica. 23 años más tarde, el 11 de marzo de 2004, los 193 muertos y más de 2.000 heridos de los atentados islamistas fueron utilizados por los partidos -unos mintiendo, otros agitando, todos manipulando la tragedia- como arma para las elecciones que tendrían lugar tres días después. Ni Aznar, presidente en funciones, ni los candidatos Zapatero, Rajoy y Llamazares tuvieron la decencia de comparecer juntos para ofrecer una imagen de unidad frente al terrorismo. Se enzarzaron en una sórdida bronca con eco en las calles.

Ahora, ignorando la crisis sanitaria y social sin precedentes provocada por la pandemia, los más de 100.000 muertos, los 3.653.900 parados o que España tenga la tasa de paro juvenil más alta de Europa, se han enfangado en las elecciones madrileñas empeorando una situación nacional lamentable. Ciudadanos ha desplegado en Madrid una lona gigante que recoge algunos de los insultos intercambiados entre los candidatos: traidor, fascista, amargada, parásito y rata. Lo hace, dice, "para pacificar la sociedad". Demasiado tarde y tras demasiados errores propios. Ciudadanos recuerda a Quique, el minúsculo gavilán pollero de los dibujitos de la Warner, intentando sacar partido de la eterna bronca entre el gallo Claudio y el perro George.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios