¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Guía urgente de Sevilla

¿Las Dueñas o Pilatos? Hay que elegir entre el Renacimiento y la leyenda de Cayetana Fitz-James

El pasado jueves, entre viandas y vinos de la Abacería de San Lorenzo, cuatro madrileños y dos polacos, gente culta y generosa, nos preguntaron qué había que ver en Sevilla. Ese es el momento en el que el nativo puede salirse por la tangente y decir que Spal-Hispalis-Isbiliya es un aleph borgiano, una ciudad-universo imposible de conocer en una vida, no digamos ya en un puente. Pero esas excusas filosóficas no cuelan para el que ha venido unos días a divertirse a orillas del Guadalquivir. Hay que pensar y mojarse, improvisar una guía urgente que vaya más allá de las consabida Catedral y Alcázar, pero que no caiga en lo extravagante o lo anecdótico. Lo primero que se plantea es la duda entre Las Dueñas o la Casa de Pilatos. Hay que elegir. En este espinoso asunto siempre sigo la doctrina de un buen y linajudo amigo, quien con un pellizco de esnobismo señalaba que Las Dueñas es un cortijo y Pilatos un gran palacio. Ahora bien, la casa del Duque de Alba tiene aún esa presencia que lo impregna todo, el espectro de Cayetana Fitz-James Stuart. El viajero tendrá que optar entre conocer el punto cero del Renacimiento sevillano y una de las capillas más hermosas de la Cristiandad, la del Buen Pastor, o por el contrario sumergirse en la leyenda de una fin de raza, una aristócrata goyesca que a nadie deja indiferente. Donde no hay dudas es en la visita obligada al Archivo de Indias, el edificio civil público más noble de Sevilla, en cuyas escaleras, diseñadas por Luca Cintora, uno puede sentir la grandeza de aquello que se conoció como la Monarquía Hispánica. La Galería de los Capitanes Generales, con sus altos anaqueles de caoba colonial y sus retratos de espadones, calman nuestra nostalgia de ultramar. Abrevio, porque el espacio escasea. Otras cosas ineludibles que hay que hacer en Sevilla son: una oración por el ánima de los navegantes ahogados ante la Virgen de la Antigua (Catedral); una siesta (si el tiempo acompaña) en la Isla de los Patos del Parque de María Luisa; una tarde de teatro clásico español en el Lope de Vega; un gin tonic (sin hierbajos) en el bar del Alfonso XIII, previa reverencia al busto del monarca; una visita al sepulcro genovés de Per Afán de Ribera el Viejo, adelantado mayor de la frontera de Andalucía, en la Cartuja de Santa María de las Cuevas (antes o después hay que saludar también al cercano ombú centenario); un caldo en la peña flamenca Torres Macarena, enfriado con manzanilla of course; un desembolso en la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, en la Plaza Nueva; un café en la barra de bronce de La Campana; una cerveza en cualquiera de esos bares con aspecto kosovar que abundan en Sevilla (Coronado, Tremendo, Jota)... Ya les dije, un infinito aleph borgiano, pero el papel no da para más, es finito y caro. Que disfruten.

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