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La oposición a Pedro Sánchez no se puede centrar en un solo asunto, porque hay muchísimos

Se trataba de dirimir si Carmen Calvo es una “jurista de reconocida competencia” como para presidir el Consejo de Estado. El diputado Flores no le echó ídem y dedujo que no. “Claro –pensará quien no haya oído su intervención–, porque es de Vox…” Pero si lo ha oído no dirá “claro” sino “oscuro” que es como se presenta un panorama donde Sánchez va politizando e instrumentalizando una a una todas las instituciones del Estado.

Aunque dediqué un artículo al asunto, no ha sido a mí a quien se ha afeado que hable del repaso que el diputado Flores Juberías dio a Carmen Calvo. Los que afean que se hable tanto de eso argumentan que el verdadero talón de Aquiles de Sánchez es Koldo y su pelotazo con las mascarillas con los avales de Ábalos. Yo respondería tres cosas.

Primero, que no tiene mucho sentido querer dirigir la oposición mediática a Sánchez como si fuese el equipo de natación sincronizada. Es mejor dejar que cada cual hable de aquello que le parece más pertinente. Hay donde escoger. No está peor trapichear con las mascarillas en mitad de una pandemia que malbaratar el prestigio institucional de un organismo tras otro. No está peor: ambas acciones no pueden ser peores. Dejemos que el coro vaya sumando voces a la redonda. Qué rara es esta manía española de querer ser todos seleccionadores nacionales. Ya sea en el fútbol como en el equipo (supuesto) de la oposición. Resulta llamativo que, en un país donde se juntan cuatro y hay siete opiniones, la vocación prioritaria de ¡todos! sea dirigir al resto.

En segundo lugar, aunque puede que el impacto medio en el votante de a pie sea mayor en el caso como de Torrente de Koldo y tal vez de Ábalos, la crítica al Gobierno no se debe hacer por criterios de impacto mediático, sino por la degradación de la vida pública. No se trata tanto de desgastar a Sánchez como de defender un Estado que está muy malito de salud democrática, por unas cosas y por otras.

Por último, la nominación de Carmen Calvo deja en evidencia la pérdida de calidad humana en nuestra clase dirigente. Por supuesto, también lo deja en evidencia el caso Koldo, pero con una intensidad diferente, pues estamos ante alguien que se lo llevó crudo por su (relativa) cuenta. A Calvo, tan feminista, la ha colocado ahí Pedro Sánchez con toda la intención y la han votado los suyos con la disciplina al líder que caracteriza a la clase política. Son cosas sobre las que advertir.

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