POLÉMICA Críticas a la nueva iluminación de la Muralla de la Macarena

Quousque tamdem

Luis Chacón

luisgchaconmartin@gmail.com

Halloween invasor

La reacción aldeana a las fiestas y chanzas de Halloween está alcanzando memorables cotas de hilaridad

El nacionalismo siempre es delirio. Más, cuando se lleva al extremo. Algo que por otra parte es lo habitual. Y cuando nos referimos al ámbito cultural, en el sentido amplio, social y antropológico del término, lo de reservar las esencias patrias en una urna, traspasa sobradamente la línea del delirio. La reacción aldeana a las fiestas y chanzas de Halloween está alcanzando memorables cotas de hilaridad. Sacar a pasear la bandera porque los niños se disfrazan de fantasmas y compran calabazas de plástico en el chino para poner una vela dentro, no me parece muy heroico. Cuando, además, resulta muy fácil no participar si no te gusta. A mí, personalmente, que un chiquillo disfrazado de fantoche me aporree la puerta en plena siesta no es que me haga ilusión, pero tampoco me genera el impulso irrefrenable de invadir la América inglesa para recuperar la Florida y todos los territorios al norte del río Grande. Me quedo en el sofá y en paz.

Rechazar cualquier influencia extranjera, simplemente porque lo es, nos llevaría a seguir viviendo en las cavernas. Que parece mentira que haya que explicar que lo españolísimo, empezando por nuestra maravillosa lengua, no siempre es originario de nuestra piel de toro. Que el español es un latín vulgarizado. Y que los fenicios trajeron el olivo, el trigo llegó desde Mesopotamia y el tomate de América. Así que a ver como aviamos un gazpacho o un salmorejo si rechazamos lo foráneo. Y es que el nacionalismo es muy contradictorio. El mismo nacionalista que defiende la soberanía nacional y se declara antiglobalista, se enorgullece del Imperio Español. Aquel en el que nunca se ponía el sol. O estamos a favor del imperio o no lo estamos. Pero estar a favor del nuestro y en contra de los otros es un poco ridículo. El Imperio Español fue el globalismo de su época, como antes lo fue el Romano y después el Británico. ¿O es que lo de llevar el cristianismo a los indios no es una forma de influencia extranjera? Cristianismo que nos llegó de Oriente, por cierto. Que a algunos solo les falta defender que Belén está entre la Puerta del Sol y la de Alcalá.

Tanto aldeanismo agota. Las sociedades son lo que quieren ser. Y lo que hoy es nuevo, mañana será tradición. Pero porque así lo decidimos, no porque nadie nos lo imponga. Ni qué hay que preservar, ni en qué podemos innovar. La libertad está en elegir qué queremos celebrar y cómo. No es difícil de entender.

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