Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Historias de éxito

El crecimiento del Aeropuerto o el desarrollo de Cartuja demuestran que hay una Sevilla que mira hacia adelante

Si hubiera que escoger un par de símbolos de la Sevilla que emerge y que mira decididamente al futuro quizás habría que quedarse con el Aeropuerto y con el Parque Tecnológico Cartuja. Y crean que escribir de una Sevilla que emerge, cuando tantas veces ha llegado a esta columna justo lo contrario, es de por sí para tocar las palmas. Indica que algunas cosas por fin están cambiando en un paisaje en el que algunos se siguen empeñando, desde hace años y años, en que triunfen la mediocridad y la caspa. Sevilla se mueve, y eso se demuestra día a día en las pistas de San Pablo y en los niveles de facturación, empleo cualificado y desarrollo tecnológico de las empresas que se han instalado en lo que hace ya casi tres décadas fue el recinto de la Exposición Universal, que no está mal volver a recordar que fue la última vez en la que a Sevilla se le hizo caso desde los poderes públicos para impulsar su desarrollo. Desde entonces, lo que se haya hecho, mucho o poco, ha correspondido al esfuerzo de la ciudad más inconformista y con más capacidad de mirar hacia adelante sin ombliguismo ni falsos ensimismamientos. Y como las cosas no surgen por generación espontánea y las hacen las personas, conviene también destacar la labor que están realizando Jesús Caballero en el Aeropuerto y Luis Pérez Díaz en el parque científico y tecnológico, que no son ni mucho menos los únicos pero que sí valen para representar lo que se hace en la dirección correcta.

Pero esa Sevilla que se mueve en vez de dar vueltas en torno a sí misma como si el mundo terminase en la Ronda del Tamarguillo puede verse también en las dos universidades públicas que compiten en egresar talento y que cada vez acumulan más prestigio y publicaciones, en instituciones culturales como el Teatro Maestranza y la Sinfónica -a pesar de los muchos y graves problemas que arrastran- o, a escala más modesta, la Orquesta Barroca, y también, por supuesto, en la innovación que están desarrollando empresas punteras en sus sectores como la metalúrgica Tecade, la ingeniería Ayesa o Persán, por citar sólo algunas cogidas casi al azar.

En Sevilla hay historias de éxito. Quizás las ha habido siempre y las propias inercias de la ciudad no han dejado verlas. Afortunadamente, los que siempre han querido tener Sevilla como patrimonio de unos pocos están de capa caída y la ciudad hace tiempo que tiene las ansias de cambio que tantas veces se habían echado en falta. Los espectaculares aumentos de tráfico en el Aeropuerto o el interés que Cartuja despierta en tecnologías más allá de nuestras fronteras son sólo la punta de lanza de lo que está por venir.

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