EL ministro de Hacienda de Alemania, Wolfang Schäubel, ha conocido en detalle, por las explicaciones de la vicepresidenta y dos ministros, los ajustes decretados por el Gobierno de España. "Son impresionantes", ha comentado.

Es un adjetivo certero: impresionantes. Los españoles estamos, en efecto, impresionados por los ajustes aprobados por el Ejecutivo, y por los que se van a aprobar, que ya Rajoy ha anunciado que habrá reformas en la misma línea en todos los consejos de ministros. Impresionados, también, por la celeridad con que se incumplen todas las promesas defendidas a capa y espada antes de las elecciones. ¿Se acuerdan de cuando no iban a subir los impuestos, no habría despido barato, no se impondría el copago de las medicinas y ni se pensaba en una amnistía fiscal por "impresentable, antisocial e injusta"? Hasta el IVA, que frena el consumo y castiga más a los más pobres, nunca aumentaría porque no iba en el programa electoral del PP? Pues aumentará el año que viene.

Esta catarata de desgracias merece ir grabada en la medalla del desamor que marca de modo creciente las relaciones entre Rajoy y los administrados: hoy te recorto más que ayer, pero menos que mañana. Todo sea por la felicidad de pasado mañana, ese futuro de reactivación y bienestar que vendrá una vez el bisturí produzca el ansiado control del déficit y el saneamiento de las cuentas públicas (y si Angela Merkel y su supervisor para Europa, el citado Schäubel, acceden finalmente a complementar las tijeras con los incentivos antes de que el enfermo perezca de inanición, abatido como un cadáver exquisito, capaz de afrontar todas las deudas a costa de dejar el hábito ambicioso de comer todos los días).

Impresiona igualmente que la espiral de recortes no vaya acompañada de la imprescindible explicación de Rajoy. No ante los alemanes ni en los fervorosos mítines de partido en los que el aplauso queda garantizado se diga lo que se diga, sino ante los españoles, en el Congreso o en alguna televisión de audiencia masiva. Hay que explicar que las medidas son necesarias, sí, y que el cálculo triunfalista sobre sus consecuencias en la economía nacional estaba equivocado y que también era errónea la creencia de que la simple sustitución de Zapatero por Rajoy tendría un rendimiento balsámico para las heridas patrias o la convicción de que la austeridad en el gasto corriente del Estado bastaría para reducir el déficit y haría innecesario tocar la sanidad, la educación y los servicios sociales. Todo mentira, de parecido calibre a la de algunas autonomías que presumen de que van a cumplir con el déficit sin aceptar en sus territorios los recortes del Gobierno. Y no señalo a nadie...

En efecto, lo que está pasando es impresionante.

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