Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Internados

CON ese espíritu de culebrón que a veces se le asomaba por las solapas de las tramas, los laberintos de El internado parecieron converger a trompicones en el último capítulo de la sexta temporada, pero no se podía estirar hasta límites delirantes tantos vericuetos imposibles y tantas miradas de reojo. No vamos a desbaratar aquí lo que sucede en ese capítulo, pero tras lo ocurrido sí se intuye que la séptima, y presumible última temporada, discurrirá en un contexto muy diferente. El personaje que aparece en el desasosegante epílogo, Fermín, es la figura clave del futuro de El internado y tiene toda la pinta de encabezar una posible secuela, junto a María, el personaje de Marte Torné, actriz y presentadora que ha salido beneficiada de su experiencia en La Laguna Negra. El internado parece dar carpetazo a medias. Todos los niños y niñatos han dado el estirón, algunos ya están embarcados en aventuras mayores, por lo que algunos personajes adultos, en ese enfrentamiento entre buenos y siniestros tan inevitable, pueden mantener la línea, que es lo que le interesa a la cadena. Contar con El internado aunque sin las aulas y los niños con jersey azul. Esa es la estrategia que la propia Globomedia ha seguido con Los hombres de Paco, para mantenerlo como un zombie narrativo, maquillado y bastante inverosímil.

La resolución de El internado en este penúltimo paso no ha sido tan enigmática como la que se prevé para Perdidos, para satisfacción del público adolescente, aunque no haya sido ese remate idílico que hubiera desbaratado el buen trabajo de años anteriores. Ha sido un producto comercial, demasiado trufado de publicidad explícita, de products placement, pero resuelto con dosis de talento tanto en su aspecto como en su contenido. Tal vez no se merece que lo traten como a un chicle.

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