La esquina

josé / aguilar

Investida a la cuarta

Ala cuarta fue la vencida. Susana Díaz ha tenido que sufrir tres embestiduras hasta alcanzar la investidura. Por tres veces la mayoría de los representantes del pueblo andaluz la rechazaron como presidenta de la Junta: 62 votos frente a 47. La cuarta vez, antes de que acabe esta semana de pactos en toda España, saldrá adelante: 56 votos frente a 53. Mayoría absoluta.

Ha tenido que pasar un cierto calvario de más de dos meses y medio desde las elecciones que convocó para fortalecerse y que le depararon una victoria insuficiente. Más de dos meses de deterioro de su crédito nacional hasta lograr la aquiescencia de Ciudadanos, que con sus nueve escaños pudo ahorrarle el amargo trance ya en la primera votación (el día 5 de mayo). Por motivos de política nacional y de estrategia de Albert Rivera, Ciudadanos no le prestó hasta ayer un auxilio que podía haberle prestado ya entonces. Sus condiciones sobre lucha contra la corrupción, casos de Chaves y Griñán y medidas de política económica han sido las mismas, al igual que la respuesta de Susana.

El triunfo de Susana Díaz es innegable. Ha conseguido su principal objetivo, que era la Presidencia legitimada por las urnas, y otros que tampoco son moco de pavo: derrotar al PP y frenar el avance de Podemos. Esto último, no sólo en las elecciones. También lo ha eludido como aliado, haciendo algo que le gusta mucho: lo contrario que Pedro Sánchez, entregado a los pactos con los de Pablo Iglesias. Y ha desvinculado su investidura de los pactos municipales. Ahora es Podemos, con sus franquicias, el que está emplazado a apoyar a los candidatos socialistas en Sevilla, Córdoba, Jerez y Marbella. Sólo queda Cádiz como escenario de la situación inversa, y ya veremos por dónde sale la jugada.

La operación tiene, cómo no, sus claroscuros. Al convocar elecciones anticipadas, Susana decía buscar un Gobierno estable y sólido. La estabilidad está garantizada por un factor ya fijado el 22-M: no hay mayoría parlamentaria alternativa, una moción de censura es impensable. Pero la solidez es cuestionable. El Gobierno que forme estará sometido a controles más estrictos que nunca, el Parlamento vigilará con lupa toda su gestión, y presupuestos, planes, leyes y programas habrán de ser meticulosamente negociados con unos y otros.

De modo que Susana ya manda. Ahora le toca gobernar, y gobernar de un modo diferente. Nuevo en más de treinta años.

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