Alto y claro

josé Antonio / carrizosa

Izquierdismo de salón

SI el candidato que salga elegido esta noche para dirigir los destinos del PSOE se deja deslumbrar por los fenómenos tipo Podemos y escora al Partido Socialista hacia una izquierda más o menos radicalizada estará cometiendo un error de dimensiones históricas y estará privando a una parte muy importante de este país de una referencia política que, hoy por hoy, es insustituible en el sistema democrático español. Es cierto que Sánchez o Madina van a coger un PSOE en situación agónica, carente de liderazgos efectivos, sin un proyecto nacional y sin un proyecto social. Son las consecuencias de la mala gestión del último cuatrienio de Zapatero en el poder y de la incapacidad de Pérez Rubalcaba, por edad y talante, para protagonizar la renovación que era imprescindible. El fiasco de Zapatero, el pase a segunda fila de la generación que había protagonizo los largos años del felipismo y el cambio de entorno político que creó la propia crisis económica se conjugaron para hundir al socialismo en una sima de la que no ha sido capaz de salir.

Además, para terminar de arruinar las cosas, la única alternativa solvente de liderazgo y de proyecto nacional, que era la representada por Susana Díaz, ha quedado por ahora fuera del juego nacional. Se ha vuelto a demostrar que el PSOE es un partido donde muchas veces importan más los personalismos y las ambiciones que el propio proyecto y en el que los enfrentamientos cainitas están a la orden del día. El ponérselo difícil a la dirigente andaluza ha sido una muestra más del despiste en el que se mueven algunos de los protagonistas de esta travesía del desierto.

Durante la deslavazada y floja campaña para las primarias que se celebran hoy hemos asistido a una especie de competencia para resituar ideológicamente al PSOE en una especie de izquierdismo de salón para disputar el espacio a una ascendente Izquierda Unida y a un fulgurante Podemos. Si finalmente esto se lleva a la práctica los socialistas se habrán alejado, quizás definitivamente, de las clases medidas defensoras de opciones de centro izquierda que son las que lo han puesto en el Gobierno de España durante los 16 años de Felipe González y los ocho de Rodríguez Zapatero. Darle la espalda a esa amplia capa del electorado, que ahora no encuentra referentes, y ponerse a competir por la izquierda puede llevar al PSOE a la irrelevancia. Es un riesgo real sobre el que se han alzado algunas voces de alarma de dirigentes de la vieja guardia.

El futuro político de España se presenta complicado y el modelo de dos grandes partidos alternándose en solitario es posible que no lo veamos más. Pero si el PSOE quiere ser la fuerza hegemónica y la que articule un amplio espacio de izquierda moderada debe de situarse claramente en ese espectro. Es lo que han hecho en Andalucía. Tanto Griñán, en su momento, como ahora Susana Díaz han plasmado una política capaz de conectar con el mundo empresarial o financiero sin abjurar de los principios de solidaridad social o el mantenimiento del Estado del bienestar. Ello es lo que les ha permitido estar hoy en el Gobierno de la Junta y tener arrinconado a un PP que no levanta cabeza. Si Madina o Pedro Sánchez, el que esta noche pase a dirigir el futuro del PSOE, no entiende este principio básico le hará mucho daño a su partido y también a España.

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