La ciudad y los días

carlos / colón

Lecciones de la historia

LOS dos yihadistas muertos tras la acción del ejército británico en Siria el pasado mes de agosto planeaban un atentado contra la reina Isabel II (que precisamente hoy derrota a la reina Victoria, logrando el récord del reinado más largo de la historia de Inglaterra) durante la conmemoración del final de la II Guerra Mundial. Los dos eran ciudadanos británicos, uno de Cardiff (Gales) y otro de Aberdeen (Escocia). Si queremos podemos seguir mintiendo sobre el peligro de los yihadistas europeos y manteniendo que el auge del fundamentalismo se debe a la desesperación y pobreza de los jóvenes del norte de África. Desgraciadamente para todos nosotros no es así.

En las últimas tres semanas se han sucedido, entre otros, estos titulares: "Los 14 yihadistas detenidos en Madrid y varias ciudades de Marruecos planeaban masacres en ambos países"; "El yihadista detenido en Madrid coordinaba una filial del Estado Islámico en Marruecos"; "Detenida una joven de origen marroquí en Gandía por actividad y apología yihadista"; "Detenida por segunda vez una joven por yihadismo en Figueras" (nota interesante: el pasado 13 de marzo fue detenida por pertenencia a una célula terrorista islamista y dos días después el juez Gómez Bermúdez la dejó en libertad sin cargos); "Según la Memoria de la Fiscalía General del Estado la delincuencia baja un 6% pero se doblan los casos de yihadismo" (el año pasado se abrieron 106 investigaciones por terrorismo yihadista, el doble que las registradas en 2013); "La Fiscalía reclama más efectivos especializados ante la alta amenaza de acción terrorista en España por parte de individuos autónomos que se inspiran en el Estado Islámico y no descarta una alianza entre el Estado Islámico y Al Qaeda"…

Sumen a estos titulares que desde junio se ha impuesto en España el nivel más alto (4 de los 5 existentes) de alerta antiterrorista desde el 11-M. La coexistencia entre este ininterrumpido flujo de noticias y la lentitud de la respuesta de los gobiernos occidentales ante el avance y la barbarie del Estado Islámico es inexplicable. Tanto como los discursos tranquilizadores de los actuales Chamberlain y Daladier. Según los historiadores más fiables si se le hubiera parado los pies a Hitler cuando las tropas alemanas entraron en Renania el 7 de marzo de 1936 tal vez se hubiera podido evitar la II Guerra Mundial. La historia no se repite. Pero a veces se parece.

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