Azul Klein

Charo Ramos

chramos@grupojoly.com

Lectura fácil

Hacen falta escritores que apliquen aquí el humor y el bisturí como Cristina Morales en la Barcelona de Colau

Como un latigazo o una descarga eléctrica, así concluye el libro Lectura fácil de Cristina Morales, un inmejorable Premio Herralde que no cesa de sumar ediciones en este año en que el sello Anagrama celebra sus primer medio siglo de vida. Una novela escrita con una energía apabullante, osada en forma y fondo, que demuestra que al lector atento no le hacen falta demasiados pretextos para encomendarse a un texto sobresaliente.

Irreverente y cínica por momentos, bienhumorada siempre, la obra de la granadina afincada en Barcelona Cristina Morales se propone reivindicar a las personas administrativamente denominadas "intelectualmente discapacitadas" o con "diversidad funcional". Para ello pone en solfa todas las coartadas buenrollistas y solidarias que campan a sus anchas en un mundo que ella conoce bien: el de la Barcelona de los ateneos libertarios, el independentismo, la danza integrada, el feminismo o las casas okupas. A todos ellos, pero sobre todo al neocapitalismo rampante y a los eufemismos que aceptamos aunque no sirvan más que para arrojar humo sobre realidades que queremos silenciar con tanto empeño como cuando las designábamos de otro modo (subnormales, tontos, loquitos), les pone Morales su letra escarlata, los ridiculiza, cuestiona, interpela, mientras convierte en heroínas a sus cuatro protagonistas en su lucha contra el control social: Nati, Marga, Patricia y Àngels, parientas que comparten un piso tutelado por la Generalitat en la Barceloneta envidiada por los promotores y gestores de apartamentos turísticos.

Dado que llego a esta novela nueve meses después de su publicación, asumo resignada que un buen libro no cambia el mundo en que vives pero me veo en la obligación de proclamar, por el carácter metasevillano de esta columna, que hacen falta escritores en nuestra ciudad que apliquen la ironía y el bisturí a realidades tan delirantes como las que se suceden con el telón de fondo del Gobierno andaluz del cambio, desde las listas negras propuestas por Vox al rifirrafe por la gestión de la crisis de la carne mechada.

Más allá, sería estupendo que los asesores de Pedro Sánchez le obligaran a leer, recurriendo a la fuerza física como en la terapia conductista propuesta en La naranja mecánica si hiciera falta, este libro de Cristina Morales. Aprendería que la autocrítica y el humor, si no te matan (Colau podría decir mucho sobre cómo se ridiculiza su figura en la novela), te hacen más fuerte y probablemente sean el pegamento que su acuerdo de gobierno necesita en lugar de unas elecciones que ilusionan al electorado de derechas más que a sus recientes votantes.

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