Crónica levantisca

juan Manuel / marqués Perales

Llamadme Pablo

Aveces imagino, y no es delirio, que los padres de Pablo Iglesias Posse lo bautizaron así en 1850 como homenaje premonitorio al líder que nacería en Madrid casi un siglo y medio después. Un ser predestinado que vino al mundo justo en el momento en que la estrella que el Che Guevara llevaba en la boina frisaba los cielos de Vallecas. Sus nanas fueron las de Cafrune y Mercedes Sosa, y el niño creció con la estrofas de Quilapayún y Pi de la Serra, a la vez que sus padres le leían a Marta Harnecker. La historia española está jalonada de hijos que fueron criados como el nuevo hombre. Algunos terminaron muy mal, como los casos de Ramón Mercader o Hildegart Rodríguez. No llegamos a tanto, pero cada día me resulta más inquietante este Iglesias que un día es el mesías del amor y besa a sus semejantes y otros, una bestia parda con quien no me hubiera gustado coincidir en la retaguardia de cualquier guerra.

Del mismo modo que corrió escalera abajo del hemiciclo para abrazarse con el catalán Domènech y darse un piquito, arrasó con sus contrincantes, insultó a la diestra y a la siniestra, puso a pasear por el Congreso la sombra de los asesinos de Lasa y Zabala, la cal viva sobre Felipe González, a Millán Astray disfrazado de naranja y a los comisarios del Frente de Juventudes y del Konsomol, con los que él debe estar relacionados, al menos emocionalmente. Aun así tuvo tiempo para cachondearse del "señor Patxi" y de mearse sobre la memoria de los socialistas.

Pablo Iglesias cruzó el miércoles el Rubicón de la izquierda, ni los militantes socialistas ni los votantes van a aceptar de buena gana que Pedro Sánchez se alíe con este neocomunista que se presentó a las elecciones como Fermín Salvochea y ha terminado de comparsa de Arnaldo Otegi. Como demócratas, debéis estar contentos. El PSOE envió en 1920 a Fernando de los Ríos a la URSS para hablar con Lenin y estudiar la posibilidad de sumar al partido a la Tercera Internacional, pero ante la respuesta del revolucionario -"¿Libertad, para qué?"- los socialistas españoles se desgajaron, y así nació el PCE. Julio Anguita estará orgulloso de él. Sánchez tendrá que desenmascarar la táctica deshonesta de Pablo Iglesias a partir de hoy, no puede seguir buscando el acuerdo de quien no lo quiere.

A la salida del Congreso, Iglesias, transformado de nuevo en mesías, nos dijo que Podemos es una fábrica de amor, por eso besa, él lo es todo: comunista, lesbiano, abertzale, guerrillero, cantautor, macho alfa, venezolano, danés, omnipresente.

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