TIEMPO Bajo de Guía se tiñe de blanco tras una impresionante granizada

La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Macarena, lumbre de mis ojos

San Juan de la Cruz escribió: "Véante mis ojos, pues eres lumbre de ellos, y sólo para ti quiero tenerlos"

Una hermosa noche de Jueves Santo, allá por los primeros años 20, en la Residencia de Estudiantes de Madrid ("cielo de Claudio de Lorena… y la luna sobre la Residencia"), Lorca le preguntó a su amigo Pepín Bello por qué estaba triste y no disfrutaba del momento ("Pepín, ¿por qué no te gusta / la cerveza? / En mi vaso la luna redonda, / ¡diminuta!, se ríe y tiembla"). Pepín le contestó, explicando su tristeza: "Ahora mismo en Sevilla / visten a la Macarena. / Mi corazón tiene alamares de luna y pena". Lorca lo contó en su poesía Tardecilla del Jueves Santo que dedicó al amigo que la había inspirado.

Cada noche del 14 de diciembre la recuerdo. Porque suele ser la noche en que la Esperanza es liberada de la reclusión de su camarín -lujosa, magnífica, pero reclusión al fin para ella, tan ansiosa de proximidad- y pisa el mismo suelo que sus devotos pisan para mirarles de frente, a los ojos, y así sepan como se abrieron las puertas de la eternidad para aquellos a quienes quieren (no a quienes quisieron, no, sino a quienes quieren: la Macarena solo conjuga en presente) y como se abrirán para ellos cuando esta divina matrona se disponga a coger sus almas recién nacidas a la Gloria de la que ella es embajadora y promesa segura en esta tierra. Porque la Virgen de la Esperanza es palabra de su hijo Dios esculpida: "El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá". Se puede aplicar a la Macarena la frase definitiva que escribió el teólogo Xavier Zubiri: "Cristo no reveló a Dios diciendo lo que Dios era, sino de una manera más modesta pero más radical. No reveló a Dios diciéndolo, sino siéndolo". La Macarena no reveló la esperanza diciendo lo que es la eternidad del amor y la inmortalidad de las almas, sino siéndolo, encarnándolas, haciéndolas visibles, poniéndoles rostro.

Es más ella misma cuanto más cerca está. Pide suelo, cercanía, besamanos, paso, calle, la Macarena. Que suelan darle lo que con tanta fuerza reclama la noche del 14 de diciembre, y que este día se conmemore a San Juan de la Cruz, puede que sea una casualidad. O quizás no. Mi querido amigo Juan Ruiz Cárdenas sostiene que en lo que a la Esperanza se refiere no hay casualidades. Quien sabe. Porque fue San Juan de la Cruz quien escribió lo que tantos sentimos siempre y aún más sentiremos los días de su besamanos: "Véante mis ojos, pues eres lumbre de ellos, y solo para ti quiero tenerlos". Dedicado a Emilio Sáenz.

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