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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Magdalena: tras cornuda, apaleada

Arrasan la plaza para que luzca la fuente, como el Parlamento, San Telmo y la Torre del Oro tras la tala de árboles

Juventud granítica!", exclamaba el jerarca fascista de Amarcord viendo a los jóvenes haciendo ejercicios gimnásticos. "¡Ciudad granítica!", deben exclamar los jerarcas democráticos del PSOE cuando contemplan la Sevilla desarbolada, gris y plana que -de Sánchez a Espadas- están dejando tras ellos: un desierto de granito áspero, sucio -porque los materiales son porosos- y desacogedor. Lo hicieron en la plaza de San Lorenzo y en la del Pan. Lo perpetraron en versión amarilla en la Alameda y en versión gris en Carlos Cañal y muchas otras calles y plazas. Hasta que lograron alcanzar la cumbre del desolado gigantismo y épica fealdad gris con la pésima peatonalización de la Avenida. Ahora le toca el turno a la Magdalena.

Como es habitual su destrucción fue obra del franquismo. Antes de él tenía árboles, palmeras, bancos y un hermoso y amable entorno arquitectónico. En 1938 se construyó el "cabo persianas", pero como era buena arquitectura racionalista la plaza sobrevivió. En estas cuestiones se cruzan dos vectores: la oportunidad o inoportunidad de alterar conjuntos y la calidad de lo construido.

La destrucción y la irrupción de la arquitectura basura se inició en los años 50. Primero se derribó el Hotel París para construir el primer Galerías Preciados junto al que se alzó el macizo edificio del BBVA. Después se derribaron un palacio del XVIII y casas del XIX para edificar bloques de pisos y el simulacro de plazuela que comunica con San Eloy; tras ello, el hermoso Hotel Madrid para construir el segundo Galerías Preciados y el palacio del Marqués de Aracena sobre cuyo solar, que ocupaba toda la manzana de Pedro de Campaña a Murillo, se edificó un grosero mamarracho "brutalista".

Hasta aquí lo hecho durante el franquismo por los alcaldes y los arquitectos a su servicio (curiosa desmemoria histórica: los primeros pasan por responsables y los segundos se han ido de rositas). Ahora, con pretexto de la creación allí de dos hoteles de lujo -lo que está muy bien: nada objetar-, se va a rematar la plaza, o más bien a ensañarse con su cadáver, quitándole los arriates y cubriéndola de granito. Según Urbanismo así se da "protagonismo" a la fuente histórica. Arrasar una plaza y enlosarla toa'ntera para que destaque la fuente es la misma catetada que cortó los árboles para que lucieran el Parlamento, San Telmo y la Torre del Oro. No tenemos remedio. Lasciate ogni speranza.

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