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La lluvia en Sevilla

Malacara

Si por algo muero con 'Malacara' es por su pericia con el lenguaje. En sus tuits no escribe, habla. Y en alto

En Twitter hay demasiado lodo, el mismo ser de luz que aparece en Instagram haciendo como que hace yoga proyecta su sombra parda en la red del pajarito. Pero también hay felices hallazgos", le dije, mientras soltaba la cerveza y buscaba el móvil en el bolso. "¡Oh, no! -me malicio que pensó para sí mi interlocutor-, ¡esta mujer se va a poner ahora a leerme tuits!". Efectivamente. Le mostré las últimas cosas que había subido Malacara (@malacarasev), que es una cuenta que sigo desde hace unos meses. A los pocos días, el amigo me agradecía el descubrimiento. Se estaba riendo a saco. Riéndose de sí y consigo y de ternura y de sinsentido común y de esa mirada libre, descondicionada y única que, desde aquí, a poco que nos demos permiso, posamos sobre cualquier cosa que pasa o que nos pasa.

A los navegantes de redes más avisados no hace falta que les cuente de qué va esta cuenta con más de 120.000 seguidores; saben mucho más que yo sobre este asunto, incluso ponen cara y voz a su autor, Lucas Melcón, que además de publicar sus andalusian quotes hace otras cosas para el público. Yo a eso me resisto, pues el juego que propone en cada entrada me suena tan a voz de nuestras calles y casas que me gusta imaginarme cada escena como si la dijera cualquiera. Por eso nos hace tanta gracia (a quien nos la hace, para gustos, colores), porque nos reconocemos o reconocemos a la vecina, o al colega, en el fondo y forma de lo que dice. Lo que no acabo de explicarme es cómo puede ser recibido desde fuera de Sevilla -o, como muy lejos, desde fuera de Andalucía-. "Vacunati con tomati", escribió el día que le pusieron el jeringazo. A ver cómo explicas eso allende Despeñaperros.

El humor hispalense, más acá de clásicos como Gandía, Aguilar o los Cadaval, tiene su reencarnación y vigencia actual en autores que se valen de las nuevas herramientas y redes, y que controlan y compaginan distintos lenguajes, como el audiovisual, el musical, el textual... Conocen el tempo y las lógicas de los medios que usan, y son conscientes del potencial creativo que hay en lo popular. Algunos de ellos coinciden en ser cofrades de la heterodoxia sevillana (que comparte con la ortodoxia el gusto por lo icónico, lo hagiográfico, el casticismo, la nostalgia - underground, pero nostalgia--, lo jartible y su propio santoral -pagano-). Pero si por algo muero con Malacara es por su pericia con el lenguaje. En sus tuits no escribe, habla. Habla con nuestra habla, tela de alto -todo en mayúsculas-, dando aire a cada giro sin necesidad de forzar ni usar eso del estándar del andaluz (êttandâ pal andalûh), cosa que agradezco. En su conciencia del habla viva llega mucho más allá de advertir el miarmismo, conoce que en la forma misma de hablar hay ternura, aire, risa, vida en común, resistencia y estupor, mucho estupor.

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