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Cuchillo sin filo

Francisco Correal

fcorreal@diariodesevilla.es

Malena tiene nombre de tango

En Madrid hay gente de derechas que lee a Almudena y de izquierdas que vota a Ayuso

Estábamos en Madrid y la noticia me la dio María José, mi mujer, en la churrería La Mejor de Fuencarral. En nuestra luna de miel, en el verano de 1989, ella echó en su equipaje El callejón de los milagros de Naguib Mafouz y Las edades de Lulú de Almudena Grandes. Que haya sido en Madrid, su ciudad, donde nos hayamos enterado de su muerte, desvía mi atención a un perfil de la escritora que no se ha ponderado demasiado. Me da la sensación de que tanto ella como su legión de lectores eran mucho menos obtusos que sus panegiristas, tan centrados en la España de los perdedores, los exiliados, los fusilados.

Quien lee por afinidad o para reafirmar sus convicciones es buen público para la propaganda, no para la literatura. Lo que ha hecho grande a Almudena Grandes no son las ideas de sus novelas y mucho menos la ideología. Sus Episodios de una Guerra Interminable los empezaba con los versos de Cernuda en los que el poeta reivindica la España "que Galdós en sus libros ha creado". En el prólogo de Ocnos, Jaime Gil de Biedma escribía que "las ideas pueden hacer a la literatura de creación más daño que un buey en un tejado". El mérito de Almudena es que nunca ves al buey en las tejas de sus novelas, aunque sí se lo veas a muchos de los que enarbolan banderas y soflamas.

Más que en la feminista, republicana, progresista o roja a rabiar, yo pienso en lo madrileña que era, tanto como Torres Bermejas, el tablao flamenco que nace en Madrid el mismo año que ella, como la Residencia de Estudiantes, la verbena de la Paloma, el padre Llanos o la quinta del Buitre. Perdón por esta última referencia siendo tan colchonera. En el cielo de los ateos se estará partiendo de risa cuando alguien le haya contado que Simeone, tras su goleada en el campo del Cádiz, la ciudad en la que hace dos años acompañó a Sabina en su pregón de Carnaval, le dedicó el triunfo a una gran señora, y cuando algunos pensaban que se iba a referir a Almudena Grandes el entrenador del Atleti dijo que la victoria era un regalo de cumpleaños para su madre.

Madrid es una ciudad tan increíble que hay mucha gente de derechas que lee a Almudena Grandes y mucha gente de izquierdas que ha votado a Isabel Díaz Ayuso. Los biógrafos de su admirado Galdós destacaban de su obra el madrileñismo, pese a nacer en Canarias, ser feliz en Cantabria y tener por amante a una escritora gallega. La ciudad que inmortalizan en su obra Valle-Inclán, Cela, Sánchez Ferlosio o Umbral, que en su Diccionario de Literatura, entre Félix Grande y Alfonso Grosso, dice de escritoras como Almudena Grandes que "no son fanáticas de nada, sino sólo de la libertad".

"Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas)". El recuento de Dámaso Alonso en Hijos de la ira. Un millón de huérfanos lectores y un poeta triste que con pena de Boabdil fue de Granada a Madrid, el reverso del maldito pantano. Esa noche cenamos en un Vips cerca del Retiro. Almudena estaba en un televisor sin voz. La camarera que nos atendía llevaba su nombre en una placa. Malena.

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