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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Marcando el rumbo

El rumbo que el Gran Poder ha marcado en estos días que han hecho historia es simple: esto va de Dios

Marcando el rumbo fue el Señor de San Lorenzo a La Blanca Paloma, de la Blanca Paloma a La Candelaria, de la Candelaria a Santa Teresa y de Santa Teresa a la Catedral. Marcando el rumbo irá hoy de la Catedral a San Lorenzo. ¡Tres semanas! Nunca, en la tantas veces centenaria historia de nuestras corporaciones, una hermandad ha residido tanto tiempo fuera de su sede, cerrándola para trasladar su imagen titular y todos sus cultos en misión espiritual y material-que la fe sin obras es una fe muerta- a las tres parroquias de tres barrios, no dejados de la mano de Dios, pero sí de las de los hombres.

Sirviéndose de su hermandad, que tan ejemplarmente sabe oír lo que el Señor dice, interpretar lo que exige y obedecer lo que manda, el Gran Poder ha marcado el rumbo a las hermandades y a la Semana Santa, que a veces parecen perderlo; e incluso a esa parte de la Iglesia sevillana que no siempre sabe apreciar o siquiera comprender lo que la devoción a las sagradas imágenes representa, desbordando los estrechos límites de lo que se conoce como religiosidad popular, expresión no pocas veces utilizada con condescendencia si no con desdén: algo entre el folclore y la fe del carbonero.

El rumbo que el Gran Poder ha marcado en estas tres semanas que han hecho historia es simple: esto va de Dios, de su relación con los hombres y de la relación de estos con él. Esto -hermandades, cofradías y Semana Santa- va de esa religación que está en el origen de la palabra religión, que desde las más antiguas interpretaciones se hace derivar de 'religare': volver a unir o atar fuertemente al hombre con Dios. Xavier Zubiri escribió páginas inspiradoras sobre la religación.

Cientos de miles de personas -sin exageración alguna si se suman los cinco traslados y las estancias en las tres parroquias- han acudido atraídas solo por una imagen que representa con rotundidad única el hacerse visible de Dios en Jesús Nazareno. Solo la imagen del Gran Poder les atrajo, sin más añadidos. Sobre todo, en los cuatro traslados sobre las pequeñas andas. Ni música, ni paso, ni adornos de ningún tipo. Solo él. Y sus devotos: hermosa y ancha palabra que aúna a todos en la devoción al Señor, pertenezcan o no a la hermandad.

SDG escribía Bach al final de sus partituras. Este es el rumbo que ha marcado el Señor del Gran Poder a las hermandades, a las cofradías y a la Semana Santa: Soli Deo Gloria.

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