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En una semana se celebran elecciones en el País Vasco y solo hay una certeza: el próximo lehendakari será nacionalista, del PNV o de Bildu. En este último caso el nacionalismo queda oculto por la principal seña de identidad de Bildu, un partido de inaceptables raíces que cuenta entre sus dirigentes a condenados por terrorismo, aunque llevan unos pocos años tratando de borrar el historial de sus siglas. En estas elecciones presentan un candidato, Pello Otxandiano, con una biografía sin mácula, pero solo los muy jóvenes, cantera electoral de Bildu, se han apuntado al olvido.

Los sondeos no acaban de concretar si la balanza se inclina hacia el PNV o Bildu, y en el PNV los nervios están a flor de piel. Tanto, que se han convertido en miedo. No están acostumbrados a quedar fuera del gobierno. Ocurrió solo cuando Patxi López fue lehendakari con los votos del PP a cambio de nada, porque consideraba el PP de Antonio Basagoiti que era positivo para los vascos tener un lehendakari no nacionalista. La idea era buena, pero Patxi López, con su desastroso gobierno en el que además trató a los populares como apestados en lugar de agradecerlos su nombramiento, provocó que las siguientes elecciones las ganara sobradamente el PNV, que desde entonces ordena, manda y decide en el País Vasco. Aunque no está tan claro que siga haciéndolo después del día 21.

En estas elecciones todos los candidatos son nuevos en la plaza, y la mayoría de ellos poco o nada conocidos. Ni siquiera el del PNV, Imanol Pradales, de escasa trayectoria pero al que Ortúzar ha lanzado a la arena política. Los partidos han apostado por la renovación, pero existe el riesgo de la desmotivación de los electores al no sentirse vinculados emocionalmente con quienes aspiran a gobernarles. Por no mencionar que no siempre la renovación generacional es garantía de éxito.

Se da por hecho que la lista de ganadores la encabezarán PNV y Bildu, aunque se desconoce el orden. Las incógnitas son varias: si el PSE suma los 38 escaños de mayoría absoluta con el que gane las elecciones, y si apoyaría indiscutiblemente al vencedor aunque fuese Bildu. Incluso está en el escenario la posibilidad de que Sánchez aceptase que su candidato Eneko Andueza formase gobierno con Bildu, o que le diera su apoyo externo. Nada es descartable, ninguna opción: gobierno PNV-PSE, Bildu-PNV, PNV- Bildu, alianza entre PNV, PSE y PP para cerrar el paso a Bildu…

Sánchez se mueve en arenas movedizas. En pocas semanas se celebran elecciones catalanas y europeas y lo que ocurra en el País Vasco influirá en esas dos citas.

Infinidad de españoles no perdonan a Bildu su procedencia, ni que siga sin condenar el terrorismo de ETA, donde se encuentran sus orígenes. Y aunque infinidad de españoles han aguantado todo lo que Sánchez ha hecho a pesar de que había asegurado que nunca haría, quizá consideran la alianza con Bildu una línea roja que no piensan traspasar.

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