La esquina

josé / aguilar

Miserabilismo rampante

PODEMOS les ha impuesto a algunos alcaldes del PSOE, como condición para serlo, que se bajen los sueldos ellos mismos y, en cascada, los concejales del equipo de gobierno, directivos y gerentes de empresas municipales. Mayormente, por austeridad.

La verdad es que el partido de Pablo Iglesias ha predicado con el ejemplo, y ya desde la elección de sus cinco eurodiputados se comprometió a que sus cargos públicos compartieran los emolumentos que oficialmente les correspondían, dedicando un buen porcentaje a causas humanitarias, a colectivos en dificultades o a la propia organización. Y lo han cumplido.

Me parece perfecto que los dirigentes y militantes podemitas repartan sus salarios como les dicten su conciencia o sus convicciones políticas. Son dignos de admiración en este sentido. Me parece mal, por el contrario, que pretendan imponer esa misma actitud a sus eventuales aliados y la pongan como requisito ineludible para que puedan gobernar con los votos de Podemos. Y me parece mal porque esta práctica impuesta traerá, paradójicamente, el empobrecimiento de la calidad de las instituciones afectadas.

Una cosa es la austeridad, necesaria para erradicar los escándalos de aprovechamiento ilícito a costa de lo público que ha padecido la Administración española durante años, y otra el miserabilismo, es decir, la condena por decreto de los responsables públicos a la semiindigencia. ¿Cuál sería la primera consecuencia de este dogma del voto de pobreza obligatoria de los cargos públicos? Pues que sólo querrán ser cargos públicos los individuos profesionalmente mediocres. De acuerdo, los políticos deberían aceptar ganar menos en la política que en su actividad privada como una especie de peaje por su ambición? Pero dentro de ciertos límites. Con los directivos y técnicos sería aún peor: si cuaja la demagogia podemita, ningún ingeniero, arquitecto o médico con prestigio y buenos ingresos y sin militancia política aceptaría gestionar una empresa municipal condenando a su familia a unos ingresos de menos de la mitad de los habituales durante cuatro u ocho años.

Un ejemplo: al candidato socialista en Castilla-La Mancha Podemos le ha obligado a ponerse un sueldo de tres veces el salario mínimo (27.000 euros). Cuando salga elegido gracias a los tres diputados podemitas, el presidente de la comunidad ganará lo mismo que el chófer que lo lleva al despacho. Bueno, eso si no le quitan también el chófer y le mandan ir en bicicleta...

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