CHIRIGOTA El Carnaval de Cádiz vuelve a cantarle a Queipo y la Macarena

La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Modernidad franquista

Cínica solución intermedia entre la memoria histórica y la conversión en hotel: el turismo negro o tanatoturismo

Que se considere que el movimiento moderno irrumpió definitivamente en Sevilla, tras los intentos pioneros del mercado de la Puerta de la Carne, la casa Duclós en Nervión, el Cabo Persianas en la Magdalena, la casa Lastrucci en Álvarez Quintero o la casa Ibarra Lasso de la Vega en la Avenida, de la mano de la Dirección General de Seguridad franquista a través de la comisaría de la Gavidia, edificio inscrito en la lista de la organización internacional para la Documentación y Conservación de los edificios y sitios del Movimiento Moderno (Docomomo), es extraordinariamente revelador para quienes identifican modernidad con progreso y democracia, y franquismo con lo reaccionario pesantemente neoherreriano o escurialense. No fue así en todos los casos y este edificio, a la vez símbolo de la modernidad y de la represión, lo autentifica.

Ahora, como informaba ayer la compañera Ana S. Ameneiro, el TSJA ha desestimado el recurso contra el cambio de uso a hotel de la comisaría presentado por varios colectivos y personas que sufrieron torturas en la antigua Comisaría y pretendían que fuera un lugar de Memoria Democrática, avalando la actuación del Ayuntamiento para su conversión en un hotel, en otro hotel de esta ciudad cuyo centro histórico será, está siendo ya, una ininterrumpida sucesión de hoteles, bares, restaurantes y otros negocios turísticos que en muchos casos ocupan legal pero abusivamente el espacio público.

Podría hallarse una cínica solución intermedia entre la desatendida aspiración de los demandantes y la conversión de la comisaría en hotel: vincularlo al llamado Thanatourism o turismo negro, oscuro, de dolor y de muerte que explota el pasado tenebroso de edificios y lugares en los que tuvieron lugar hechos horrendos o trágicos, desde antiguos castillos a modernos campos de exterminio o zonas devastadas por catástrofes. Pueden visitar páginas web que les helarán la sangre. El precedente debió ser la Torre de Londres, cuya explotación turística alcanzaba el medio millón de visitantes anuales a principios del siglo XX y supera hoy los tres millones: además de su arquitectura, las joyas de la corona, los cuervos y los Beefeater, su gran atractivo son las celdas, las máquinas de tortura y la fama de quienes fueron allí encarcelados, torturados y decapitados. Puestos a explotarlo todo, ¿por qué poner límites? Ya saben lo de Vespasiano: pecunia non olet.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios