La esquina

Montilla se niega, el PSOE respira

JOSÉ Montilla dijo la semana pasada que no piensa repetir la experiencia del gobierno tripartito en la Generalitat después de las próximas elecciones porque no acepta perder la dignidad por un puñado de votos. Las carcajadas todavía se oyen.

Porque este trueque de dignidad por escaños es precisamente lo que hizo Montilla en el año 2006 después de haber prometido durante la campaña electoral de entonces -exactamente el 24 de octubre- que nunca encabezaría un tripartito como el de Maragall con los ecosocialistas de la IU catalana y los independentistas de Esquerra Republicana de Catalunya ("Las cosas han cambiado, no estamos al final del año 2003"). Perdió en las urnas y en vez de aceptar que gobernara Convergencia pactó con los dos partidos citados para conservar la presidencia de la Generalitat. La promesa electoral se la llevó el viento de su ambición.

También se llevó por delante la identidad de un partido (el Partido de los Socialistas de Cataluña) en el que han convivido un alma catalanista y otra españolista. Montilla llegó a su frente con el mandato de corregir los excesos nacionalistas de Maragall, pero ha acabado multiplicándolos. No ha aguantado los tirones de sus dos socios minoritarios, sino que los ha secundado durante todo el proceso de reforma del Estatut y, sobre todo, tras haber cuestionado el Tribunal Constitucional buena parte del texto estatutario y, especialmente, el espíritu que había animado a sus promotores y redactores.

No es extraño que el flamante secretario de Organización del PSOE, Marcelino Iglesias, haya recibido con gran contento la noticia de que Montilla aparcaba el tripartito: "No sólo nos ha parecido bien, sino que nos ha relajado". Natural. Es imposible calcular cuánto daño político y social ha causado el socialismo catalán de la última década al socialismo español. Tampoco se ha quedado atrás José Bono. Le ha parecido "perfecto" lo que ha dicho el aún presidente de Cataluña, ya que él siempre rechazó el pacto con quienes defienden la independencia, "y ahora mentiría si dijera que alguna vez me ha gustado el tripartito". No puede presumir de lo mismo Zapatero, gran impulsor del Estatuto reformado y de la deriva de Montilla... hasta que se le fue de las manos.

Con todo, la dirección del PSC se ha apresurado a matizar que José Montilla rechazó un nuevo tripartito "en las condiciones actuales", dejando en el aire una eventual reedición del mismo si ERC e IU cambian sus planteamientos. Esto último es altamente improbable. Creo que todo es más fácil. Si volvieran a sumar mayoría entre los tres partidos, aunque siga ganando CiU, no sé si Montilla resistiría la tentación de reincidir. Pese, de nuevo, a sus promesas.

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