La ventana

Luis Carlos Peris

Morante no ha resucitado, se ha reencarnado

PASEO Ernest Hemingway abajo iban dos toreros a hombros de una multitud enardecida mientras que el otro, el que abría la terna, se dirigía al coche de cuadrillas sin poder andar entre otra multitud que sabía apreciar lo bueno. A hombros dos toreros y a pie el que había hecho lo mejor de una tarde fantástica para el cierre de los sanfermines. Qué bien anda Morante, qué buen momento vive, qué cuajado, cuánto empaque en combinación con la naturalidad, cómo compatibiliza el brillo con la pureza y la calidad con una valentía de torero macho. Y es que José Antonio ha roto en algo que parecía reñido, lo de que la genialidad vaya en perfecto maridaje con la regularidad. Ya no es torero de su toro, sólo de su toro, sino que lo ve clarísimo con todo lo que le sale por la puerta de chiqueros. Hace un par de años lo creíamos perdido, pero ha resucitado, o, mejor aún, se ha reencarnado en un torero para una época.

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