La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Once condenas de fealdad

Suben al cadalso, como las carmelitas de la obra de Bernanos, once desdichadas calles y plazas

El Ayuntamiento anuncia obras en once calles y plazas del centro. Lo que suena a su sentencia de muerte. Mejor: a sentencia de fealdad y ensañamiento con el cadáver de la ciudad, dado que la mayoría de las calles y plazas del centro histórico fueron masacradas durante el franquismo y rematadas en democracia, sobre todo bajo mandatos andalucistas y socialistas. Los restos del centro histórico de Sevilla se exhiben como los cuerpos de los ahorcados que se colgaban en los cruces de caminos. Eso sí, disecados para que no se pudran del todo y fastidien el negocio turístico. Porque el centro histórico de Sevilla ha acabado siendo una mezcla entre un parque temático, el museo de Madame Tussaud y un Freak Show.

¿Exageración? No. Paséense con los ojos abiertos y el seso avivado y despierto, y juzguen si lo que ven no es de una fealdad y una ramplonería vergonzosa. Hace pocos días pasé por Sol, Enladrillada, Pelícano, Maestro Quiroga y San Hermenegildo. Desmoralizaba la objetiva fealdad, la insultante vulgaridad arquitectónica, la evidencia de que allí se pudo (y se puede) hacer lo que a cada cual le dé la gana. Desde los Terceros a Santa Lucía ha ido efectuando sus deposiciones lo peorcito de lo que se entendía por modernidad en los 60 y los 70, de lo que se entendía por neosevillano en los 80 y los 90, y de lo que se entiende por posmoderno en lo que llevamos de siglo XXI. Desde pisos de playa cutre a ejercicios de falsa severidad posmoderna con aire de funeraria pasando por sevillanismo andalucista, estaba representado lo peor de cada tiempo vivido por la ciudad en los últimos 50 años. A lo largo de ellos he visto degradarse, afearse y vulgarizarse ese enorme trozo de Sevilla comprendido entre las cuatro esquinas mudéjares de San Juan de la Palma, Santa Catalina, San Gil y San Julián.

En cuanto a los pavimentos, basta que recorran San Vicente y Baños para comprobar que se actúa a la buena de Dios, sin un plan, dando a cada calle una solución distinta. San Vicente -siguiendo la tradición de Don Vicente, Vicente y Vicentillo- tiene un tramo con plataforma única, falsos adoquines y decenas de horrendos pinchos anti aparcamiento, otro asfaltado y otro con adoquines, ambos con aceras; mientras que Baños se beneficia de un colorista pavimento con aire de paseo marítimo. Ahora suben al cadalso, como las carmelitas de la obra de Bernanos, otras once desdichadas calles y plazas.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios