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La ciudad y los días

Carlos Colón

¡'Ozú', qué miedo, 'chavó'!

HE aquí a Víctor Manuel y sus colegas que se dicen de izquierdas convertidos en el ventero de Morena Clara, clamando que la Guardia Civil persiga a los Imperio Argentina y Miguel Ligero internautas que, en vez de robar jamones, les piratean sus músicas. "Por ahora sólo creo en la Guardia Civil: ha garantizado el cierre de páginas pornográficas sin problemas y puede hacer lo mismo en caso de delito de derechos de autor", ha dicho el autor de El abuelo. Me imagino a los internautas cantando lo de "entró un civil con bigote, ¡ozú, qué miedo, chavó!, se echó el fusil a la cara y de esta manera habló: a ver donde esta esa canción, a ver donde esta esa película…". La izquierda comunista, partido al que apoyó durante años el cantante hasta su conversión al zapaterismo, tiene por lo visto un sorprendente amor a las multinacionales, además de un acusado sentido de la propiedad privada. Cosas todas lógicas y justísimas, pero tal vez poco apropiadas entre quienes consideraban que los oligopolios capitalistas y la propiedad privada eran los peores males sociales.

No es que por haber sido comunista tenga uno que dejarse robar o piratear. Pero invocar a la Guardia Civil, comparar la lucha contra la pornografía pederasta -que es la perseguida por los cuerpos de seguridad del Estado- con la defensa de los derechos de autor o, como también ha dicho el cantante y autor, afirmar que "al igual que pagan los langostinos de su boda hay que pagar por la música que se pone" en referencia a los chimpunes de las fiestas, es ir demasiado lejos y exagerar las cosas. Sobre todo cuando resulta que las descargas de músicas y películas españolas son al parecer mínimas.

La piratería es un grave problema para las industrias culturales, pero hay que recordar que son ellas mismas las que han puesto en manos de los "piratas" los medios que la hacen posible. Las ediciones digitales que permiten la réplica sin pérdida de calidad y la red han hecho a los autores víctimas de algo que los más modernos de entre ellos siempre han celebrado: que las ciencias adelanten que es una barbaridad, una brutalidad, una bestialidad. Tienen razón en estar a la defensiva y exigir la defensa de sus derechos. Pero ello no justifica que se aprueben medidas tan sorprendentes, en un país en el que la justicia funciona a cámara lenta, como la de cerrar en cuatro días las webs que enlacen a contenidos protegidos por los derechos de autor. O lo que un miembro de la propia SGAE, Rodolfo Serrano, ha llamado "afán recaudatorio que roza la avaricia". Ya se sabe lo que dice el refrán popular sobre la avaricia.

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