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Periodistas

Tan equivocado resulta lamentarse por la existencia del mercado como aceptar ciegamente sus sentencias

Ha causado revuelo el debate televisivo entre Ainhoa Pérez, joven que había firmado una carta lamentando que no encuentra trabajo bien remunerado como licenciada en Periodismo con un máster y medio, y el catedrático de Economía Javier Díaz-Giménez, que de sopetón le dijo que tenía que haberse hecho ingeniera. Sobreactúan ambos. Ella en el papel plañidero y él en el de tipo duro.

Las lamentaciones de Pérez tenían mucho de utopismo revenido, así que uno entiende la salida impaciente de Díaz-Giménez, que fue una boutade. Una boutade realista. Si lo que querías de tus estudios universitarios y post universitarios es un puesto bien retribuido, claramente Periodismo no es la carrera para ello. No sé qué extrañaban más, si las caras de sorpresa o las de suficiencia que la chica y el público ponían ante esta objeción, como si fuese deber del Estado o del Orden del Universo dispensar de trabajos bien pagados con independencia de la ley de la oferta y la demanda.

Pero si todo se quedase aquí, yo no escribiría este artículo. Además de disipar las ensoñaciones de un plumazo, hay que preguntarse si es sano que la sociedad esté volviendo la espalda al periodismo de calidad. ¿Por qué no tienen futuro las Humanidades? ¿No se valora la búsqueda de la verdad en una vida pública cada vez más laberíntica y oscura?

Faltó humildad en la humilde y realismo en el realista. El paso que tendrían que haber dado juntos una periodista más vocacional y un catedrático menos mecanicista era plantearse cómo poder revertir esa situación de indiferencia del mercado por la información ajustada y veraz, que es precisamente una de las herramientas esenciales del mercado.

¿Qué está fallando en la formación de las nuevas generaciones? ¿Y qué compromisos profesionales y deontológicos han dejado de asumir los periodistas para ir degradando su propia profesión? ¿Qué puede hacer una persona con verdadera vocación periodística para dignificar su trabajo? ¿Cómo transmitir la orfandad de una sociedad que sólo se plantea objetivos económicos y medios y herramientas tecnológicas?

La mejor manera de rearmar el espíritu humano es no lloriquear por lo injusto que es el mercado laboral, pero tampoco asumir que el mercado es una instancia superior que no admite corrección. De aquel primer cruce de espadas fue una pena que todo se quedase en aspavientos y morritos. Tendría que haber sido el inicio de una profunda reflexión.

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