Fede / Durán

Perro viejo

coge el dinero y corre

07 de diciembre 2012 - 01:00

LA crisis ha cuadruplicado en Andalucía el número de parados de 55 o más años, sin que en el porfolio del Gobierno (español o andaluz) el problema aparezca como prioridad o siquiera como fenómeno reseñable. La EPA es clara: casi 120.000 personas de esa edad se hallan hoy sin trabajo en Andalucía, y lo peor es que sus perfiles arrastran agravantes. Según Agett, muchos de ellos son ya parados de larga duración -un año de búsqueda sin éxito-, y otro porcentaje importante lo constituyen mayoritariamente amas de casa que tantean a la desesperada la incorporación al mercado laboral por la escasez de sus economías familiares. Pauta universal: a menor formación, mayor riesgo de paro. Esa búsqueda está condenada al fracaso. La reforma laboral de febrero desaprovechó una buena oportunidad para proteger al colectivo 55-64 y apenas se conformó con: 1. Prohibir en los convenios colectivos el establecimiento de edades tope de jubilación. 2. Exigir compensaciones a las empresas de mayor tamaño y aún en beneficios que decidan prescindir de quienes sumen 50 o más años. El receptor de las mismas es el Tesoro Público.

El contexto demográfico no ayuda. Europa envejece, y España también lo hará en las próximas décadas. La correlación cotizantes/jubilados caerá a mediados de siglo, o incluso antes, a niveles de uno-uno. Insostenible. De ahí los esfuerzos por retrasar tanto la edad real como la edad legal de jubilación. Si el objetivo es prolongar la vida profesional, no tiene sentido que el legislador olvide las principal tareaes conectadas: crear un marco que desincentive la tentación habitual del empresario, que es prescindir de su vieja guardia cuando las cuentas se tuercen, pero también diseñar hábilmente un plan B de formación y reciclaje.

Cuando el enfoque es negativo, las desventajas son obvias. Un trabajador de, pongamos, 60 años arrastra quizás vicios aún latentes en los más jóvenes. Falta de motivación, conformismo, impericia en el manejo de las nuevas tecnologías, etcétera. Si se le añade al paquete un sueldo de la parte alta de la pirámide, las razones contables y de recursos humanos confluirán en una acción que el gran gestor en apuros considerará de cajón: el despido.

Pero el enfoque puede ser positivo. Porque la veteranía no equivale necesariamente al vicio. Son infinitos los casos donde los líderes de una compañía igualan o sobrepasan las edades referidas (Santander, La Caixa, ACS, Telefónica, Repsol). En las capas medias de esos ejércitos y de muchas pequeñas y mediadas firmas, un profesional con oficio y recursos es un tesoro no sólo en el día a día sino -aspecto crucial- en la transferencia del conocimiento a las nuevas generaciones. Existen otras vías ignoradas en España: la permanencia en puestos de menor rango, por ejemplo. Lo que no cuadra es que por una parte se subraye la paulatinamente incierta sostenibilidad de las cuentas públicas y de la Seguridad Social y por otra se viva como si el fenómeno no tuviese remedio. La España laboral necesita un giro radical de mentalidad que ninguna reforma, ni la de Rajoy ni las de Zapatero ni tampoco las anteriores, ha logrado materializar todavía.

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