Visto y Oído

francisco / andrés / gallardo

Posturas

AQUELLAS teles locales que sufríamos, tan horteras, tan al servicio de los alcaldes, impusieron la moda de los discursos navideños que imitaban al del Rey. El dignatario cebollero pronunciaba nevadas soflamas que no interesaban a nadie pero que se programaban para que el edil se sintiera monarca por una noche. En la estela de la Zarzuela los presidentes autonómicos también se dirigen a sus territorios, mirando de reojo a los del resto, escogiendo en su mayoría la apartada y laica fecha de fin de año.

Por mor de la dolencia de la cadera, y más bien por dibujar una institución más cercana, el Rey eligió este año la informal postura ochentera de Aberasturi para su breve mensaje. En las antípodas está el reyezuelo Mas, con una corbata simétrica con la abrigada senyera, con San Jorge de paisaje, y sentado en un trono con ínfulas de perdonar la vida. El presidente extremeño, José Antonio Monago, le dio réplica y optó por un aula de Secundaria, poblada por árboles de Navidad, y con una pizarra de escenario junto a una tríada de banderas que necesitaban un planchado.

Mientras el presidente gallego se arropaba por una foto de Rosalía de Castro, como si fuera su abuela lingüística, y el madrileño por los visitantes a su belén, la manchega Cospedal avivaba su estampa cañí entre un bodegón de productos surgidos de una venta de Don Quijote y dispuesto como un escaparate de El precio justo. Sin barrer para casa, tal vez el mejor escenificado (nos limitamos aquí sólo a la semiótica), ha sido el del presidente Griñán, tomando el fresco de un balcón de San Telmo, de pie, sobrio y algo afectado. Representa que escucha la calle, pero sólo le falta la capa para ser Ramón García.

Ninguno iguala Mario Vaquerizo, que en la MTV se presenta ufano diciendo "buenas noches, guapísssimos...".

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