Carlos Mármol

Primarias que no llegarán

Sectores 'críticos' del PSOE de Sevilla amagaban hasta ayer con forzar unas primarias para elegir al candidato a la Alcaldía · Griñán desautorizó la propuesta con rotundidad

ALGUNO va a tener que meterse debajo de la mesa y no sacar la cabeza, si la tiene en buena estima, durante cierto tiempo. La peregrina idea que durante los últimos días han lanzado sotto voce ciertos miembros del sector crítico del PSOE de Sevilla amagando -porque ellos nunca llevan las cosas hasta el final- con la idea de forzar la convocatoria de elecciones primarias para elegir al candidato a la Alcaldía hispalense terminó ayer viniéndose abajo. Derrumbándose por completo. Claro que, como oficialmente nadie es en realidad el padre de tan sublime propuesta, ninguno de los afectados se dio -oficialmente- por aludido. Cosas que pasan gracias al anonimato.

La teoría de los críticos, cuyo referente hasta hace sólo una semana era Monteseirín -ahora no se sabe muy bien quién es; algunos dicen que Celis, pero éste juega a la media distancia; por ejemplo, no habló en defensa del regidor en el plenario del último congreso provincial extraordinario-, era que, puesto que José Antonio Griñán había amortizado, en seco y por agencia, a Monteseirín no existía otra salida políticamente válida más que las bases del partido eligieran al cabeza de lista.

Nadie apadrinaba con su rostro la idea. Según algunas fuentes, este planteamiento habría nacido de un grupo de añejos militantes del PSOE. Gente con trienios y experiencia... teórica. Ya. ¿Pero quién? Todos se cuidaban de no dar nombres. Acaso porque éstos no existían. Una de dos: o la cosa no era en plural, sino en singular, o no podía revelarse la procedencia so riesgo de aniquilamiento. En fin. Si imitamos a los clásicos, que para acertar casi siempre se preguntaban a quién benefician -qui prodest- las cosas, parece evidente que tal música procedería de ciertas sirenas más o menos cercanas a algunas agrupaciones locales contrarias a la Ejecutiva. No es la primera vez además que se intenta introducir este elemento en el debate sobre el candidato a la Alcaldía. El propio Monteseirín, en sus frecuentes declaraciones al respecto, siempre dijo que él ganó en su día unas primarias -la verdad es que quien las ganó fue José Caballos, líder natural del PSOE sevillano; Monteseirín sólo iba de cartel- y que, por tanto, quien le sucediera en el cargo debía llegar de forma idéntica. Existe, claro es, quien piensa esto. Y también quien no lo ve así. Entre ellos, el presidente de la Junta y futuro secretario general del PSOE andaluz, José Antonio Griñán, que ayer descartó esta opción en el transcurso de una entrevista radiofónica.

La celebración de primarias, en realidad, no era más que un mero recurso retórico. Algo para tratar de poner nerviosa a la Ejecutiva del PSOE sevillano. Previamente, la mayoría oficialista había hecho lo propio: ante la posibilidad de que Monteseirín se fuera de golpe y dejase -por su cuenta y riesgo- todo el poder municipal a Alfonso Rodríguez Gómez de Celis a espaldas del partido, la dirección del PSOE habría intentado abortar la operación proponiendo que la alcaldesa interina fuera Rosamar Prieto. En realidad, cualquiera antes que Gómez de Celis.

Siempre dando por bueno el cuento, las agrupaciones de la capital afectas al edil de Urbanismo y Presidencia habrían tomado tal idea -su planteamiento es que el relevo natural de Monteseirín debe ser Celis- como afrenta y, en respuesta directa, zarandearían el fantasma de las primarias, que tanto miedo da a los aparatos de los partidos. Con primarias quien tendría las de ganar -en teoría- sería Celis. Primero porque tendría una vía para disputarle la decisión clave a Viera -también a Griñán; y aquí empieza el problema-; después porque quienes le votarían serían los militantes de las agrupaciones socialistas de Sevilla capital -en teoría 70 a 30 a favor de los críticos- y, por último, porque dotaba de cierta representatividad a lo que hasta ahora sólo es un deseo de sucesión. Vale. Pero llegaba al punto peligroso de forzar las cosas.

Tan es así que la propuesta sería, de hecho, un suicidio político. Primero por un factor jurídico: los estatutos del PSOE no contemplan la celebración de primarias en aquellos municipios en los que el partido gobierna. Caso de Sevilla. De salida, la opción ya iba a contramano. En segundo término hay otro elemento, puramente aritmético: es necesario contar con más del 30% de los avales de los militantes -firmados y rubricados- para plantear tal trámite ante la poderosa dirección federal. Hay quien interpreta -a su capricho, claro- que en Sevilla este mínimo puede ser aún menor porque, una vez descabalgado Monteseirín, no existe ningún "candidato que gobierne". Parece una exégesis demasiado forzada. En cualquier caso, salvar la situación se antojaba muy complicado. Sobre todo dados los antecedentes: el sector crítico del PSOE ni siquiera pudo presentar lista propia en el último congreso provincial ante la falta de avales. Si no se consiguieron entonces todos estos apoyos, parece evidente que ahora no sería fácil. Sin entrar en el mérito de enfrentar a un tercio de las bases con las direcciones provincial, regional y estatal.

Porque lo que es evidente es que ninguno de los ámbitos de poder del PSOE iba a dar su bendición a tal idea. ¿Los promotores de la iniciativa iban a lanzarse al monte en su defensa? ¿Alguien veía a Viera dando por buena dicha propuesta? En ambos casos, no. ¿Griñán? Algunos esperaban ayer con ansia su diagnóstico sobre el particular, quizás en busca de alguna esperanza. El presidente de la Junta habló en una entrevista radiofónica largo y tendido. Lo dijo muy clarito. Niet. "Si quieren primarias habrá primarias sólo si lo dicen los estatutos, pero no creo que éste sea el caso", sentenció. Zapatero, me temo, tampoco está por la labor: ¿estaría dispuesto el presidente del Gobierno a reabrir este proceso en una capital como Sevilla y no hacer lo propio en todas las demás grandes ciudades? Va ser que no.

La ocurrencia pues pasará el resto de la eternidad en el limbo. Aunque quizás contribuyó a que la actitud de Griñán fuera ayer pura polisemia de gestos y movimientos. El presidente de la Junta no sólo se despegó de la tesis de forzar las primarias, sino que dijo no tener "un candidato" propio -mala cosa para alguno- y dejó la responsabilidad de elegirlo "a la dirección provincial del PSOE de Sevilla". Un papel -la interlocución política- hasta cierto punto natural, pero que, en el contexto actual, es muy ilustrativo. Para algunos es bastante preocupante.

Griñán, sin citarlo, dijo al alcalde -que el día antes señaló en público que su salida del Consistorio se había comunicado mal, amagó con irse antes de que termine el mandato y reclamó un puesto institucional- que reactive su agenda municipal y no contribuya a que el debate abierto sobre su salida prematura siga vivo en la prensa. También hizo algo más: nombró a Viera presidente del congreso regional. Viera, hace unos días, hizo lo propio con el consejero Juan Espadas. Las cosas empiezan ya a aclararse. ¿ O quizás no?

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