Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Prostitutos

UNO pronuncia prostituto y al momento el corrector ortográfico que llevamos en el inconsciente zumba advirtiéndonos de que hemos incurrido en un error de género. "Se dice prostituta", susurra el corrector. Pero no, le contradigo, también se dice prostituto, aunque apenas se use, porque hay sujetos del género masculino que se alquilan para servicios sexuales, no sólo mujeres. Quizá sea el ejemplo más genuino de las contradicciones entre la realidad y el lenguaje viciado por los tópicos del género. Y de cómo el idioma trampea los perfiles de lo existente. Un asunto, a mi parecer, más serio que la retórica del lenguaje políticamente correcto. Prostituta es real; prostituto figurado. ¿Por qué?

La primera desarticulación de una red de prostitución masculina ha provocado un profundo interés. La red mafiosa se surtía de hombres provenientes de una de las regiones más pobres de Brasil. Unos aceptaron enrolarse por falsas promesas, y otros convencidos de que era una puerta sugestiva para escapar de la miseria, pero una vez en la Europa promisoria todos eran explotados con el mismo desdén que los desposeídos de las antiguas levas de esclavos de ultramar, alimentados con pastillas excitantes y drogas para asegurar un prolongado rendimiento laboral. ¡El trabajo, siempre el trabajo y la plusvalía! Unos en el algodón o en las minas; otros en el sexo. Bien mirado, nada nuevo, el mismo comportamiento atroz que usan las bandas que se surten de mujeres provenientes de los países de la Europa pobre o incluso de carne nacional, con su marchamo de origen, pero aplicado al género masculino.

Quizá la novedad de esta redada contra las mafias de prostitutos, que ha sacudido los tópicos y nos ha permitido releer las prácticas más viles de la explotación humana sin los prejuicios del género, nos permita comprender la indignidad de la prostitución más allá de los debates siempre irresueltos sobre su prohibición o su regulación. Veamos. La explotación humana debe ser perseguida sin contemplaciones por la Justicia. Cualquier soporte cómplice para captar clientes participa de la misma indignidad. Sin embargo, la decisión individual de alquilar el cuerpo es legítima. Estos no llevaría a aceptar a los autónomos del sexo pero no a las pymes ni a las grandes corporaciones, en particular a las mafiosas. Pero ¿la prostitución es una elección libre? Yo creo que no, siempre está relacionada con la depravación, la necesidad y el desamparo. Es la sociedad la que genera la alcahuetería del mismo modo que genera la corrupción y el envilecimiento. Por eso, aunque se puede prohibir, es inútil prohibirla. Más adecuado sería prohibir la sociedad que la cultiva.

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