Mercedes de pablos

Periodista

Reuniones y convenios

Tal vez no haya futuro, pero las reuniones y la firma de convenios, no lo duden, van a sobrevivirnos

En su libro A la sombra de un ángel, Benjamín Prado desgrana algunas de sus vivencias más valiosas con Rafael Alberti, maestro y amigo. Algunas las cuenta en primera persona como espectador de lujo y otras responden a la memoria del poeta y a lo que él mismo contaba de su vida. Hay de todo, abundando sobre todo la malicia y los chascarrillos. Y entre todo, el recuerdo que Alberti tenía de su paso, según él afortunadamente efímero, por la secretaría general de los comunistas exiliados en Roma. Acostumbrado al verso libre, en todos los sentidos, a Alberti se le hizo pesadísima esa carga y muy especialmente las inclementes e incesantes reuniones que sus camaradas tenían a bien convocar a cascoporro. Tanto, que en una de sus arengas, como líder del grupo se exaltó: "Me hice comunista para luchar por un mundo sin clases y de verdad os digo que ahora lucho por un mundo… sin reuniones."

Que reunirse es útil lo dicen hasta los coaches que retrata Daniel Ruiz en LaGran Ola, que hay que escuchar, confrontar, decidir en equipo parece algo tan obvio como la caída de las manzanas que Newton observaba con fruición. Y que en muchos casos esas reuniones son noticia es también una verdad, no incómoda, sino todo lo contrario, comodísima y hasta diría que muy acomodada.

Porque lo que son herramientas se han convertido en fines. No hay más que ver periódicos, teles, redes y escuchar la radio para comprobar cómo la política, y sobre todo la actividad institucional, es su agenda. Y la agenda la marcan las reuniones y su divulgación. Pareciera que la cosa trate de hacerse muchas fotos de pie antes de empezar algo, importantísimo, que algún día dará sabrosos frutos o, también, como trampolín para grandes hazañas, la firma de convenios sustanciales, relevantes, de altísimo interés y principalmente de gran servicio para la ciudadanía.

Que no digo yo que sea bueno y muy normal que las instituciones, asociaciones, fundaciones, concejalías, delegaciones o diputaciones firmen acuerdos a dos, o hasta en cama redonda, para unir esfuerzos y no duplicar energías y recursos: aplausos calurosos por mi parte. Lo que ya resulta más escamante es que los objetivos de la firma se diluyan como lágrimas en la lluvia (ay Replicante, qué solos y replicados nos dejaste) y que al cabo los olvidemos, no sólo nosotros a quien se nos cuenta, sino los mismos que los propiciaron.

En medio de una fenomenal crisis de información, desprestigiada y fragmentada, habitando esa Nueva Edad Media que auguró Umberto Eco, los gabinetes de comunicación que en el mundo son no paran de transmitir imágenes felices de firmas de convenios e inicio de reuniones como si no hubiera un mañana. Y es que la más de las veces no lo hay.

Tal vez no haya futuro como dicen los Sex Pistols pero, amigos, las reuniones y la firma de convenios, no tengan duda, van a sobrevivirnos.

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