la esquina

José Aguilar

Rubalcaba se impone

EL vicepresidente del Gobierno, portavoz y ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, dejará de ser todo eso para dedicarse a tiempo completo a levantar su candidatura a presidente. Lo anunció ayer al dar cuenta de su último Consejo de Ministros y sin decírselo previamente a sus colegas de gabinete.

Queda la formalidad de su proclamación unánime como candidato del PSOE por el comité federal ampliado (hoy) y la remodelación del Gobierno, que decidirá Zapatero (el lunes o el martes) en virtud de las escasas atribuciones que le quedan en la nueva situación del socialismo. Pero ambos, Rubalcaba y Zapatero, habían acordado que la renuncia se produjera ahora, y por eso llegó a molestarle que Felipe González le urgiese a dejar sus cargos. Ya lo había decidido sin necesidad de consejos.

Aparte de pronunciar las honras fúnebres del zapaterismo, Rubalcaba sentará esta mañana las bases de su proyecto político y se esforzará en alejarlo todo lo posible de lo que ha significado el último mandato de Zapatero. Ya lo ha estado haciendo durante varias semanas, con sus ataques a la banca, los guiños al Movimiento 15-M, la defensa de los desahuciados por el impago de hipotecas y otros planteamientos que pretenden reconquistar al electorado de izquierdas frustrado y decepcionado por el ajuste duro. Precisamente ese propósito -concebido como única tabla de salvación ante la próxima contienda electoral- es lo que convertía en inaplazable su marcha del Gobierno. En otras palabras, su voluntad de distanciarse y diferenciarse de la política del gabinete de la que es corresponsable en alto grado.

Con su entronización como candidato y su salida del Gobierno, Rubalcaba protagoniza una operación política enormemente peculiar: un salto generacional hacia atrás. Él era ya ministro socialista cuando Zapatero empezaba a ser un diputado de base. En realidad el liderazgo del PSOE retorna al felipismo quince años después, dejando en la cuneta a la candidata más ajustada la lógica y el espíritu de Zapatero (Chacón). Así lo ha impuesto la inesquivable lógica de la necesidad: ningún otro candidato socialista pensable sería hoy más sólido que Rubalcaba. Así lo impuso también el interesado, al negarse a disputar las primarias a la ministra de Defensa amenazando con hacer estallar una crisis que podía haberse llevado por delante al propio Zapatero. No quería exponerse a perder más procesos electorales internos, como le ocurrió cuando apostó, sucesivamente, por Almunia, Bono y Trinidad Jiménez. Fracasó en todos.

La urgencia de esta retirada del Gobierno hace pensar que el dimisionario-candidato y el presidente han pactado ya que las elecciones generales se adelanten al otoño. Si no, ¿a qué tanta prisa?

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